"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

martes, 22 de enero de 2013

SOBRE "HÉROES" Y TUMBAS: Por Enrique Sada Sandoval.

Salió expuesto en casi todos los diarios de circulación nacional. La noticia para muchos, algunos ya lo sabíamos o acaso otros lo sospechaban de antemano, de que la gran colección de osamentas que reposan oficialmente bajo la Columna de la Victoria alada (los ángeles carecen de sexo, razón por la que no se trata de ningún “ángel de la Independencia” la estatua que corona el monumento central del Paseo de la Reforma), resultó ser un fraude. Sin duda una más entre las muchas sorpresas y comicidad que aún nos depara la Historia Oficial. Todos recordamos la solemnidad y el derroche con que el Gobierno Federal llegó a pavonearse en esa mezcla de ignorancia, soberbia y de mal gusto en donde expusieron al público los supuestos huesos “de los héroes que nos dieron patria”.

Así lo aseguraba Felipe Calderón y el ex director del INHERM José Manuel Villalpando quienes pese a cuestionamientos por parte de prensa y académicos, (sobre el supuesto “heroísmo” de los celebrados y la autenticidad de sus osamentas) con tal despotismo y teatralidad que nos recordó a Luís Echeverría y Ernesto Lemoine (vetando a periodistas) cuando las celebraciones del 150 aniversario de la Independencia en 1971, lo repitieron como dogma junto con el difunto Alfonso Lujambio: “No hay duda, se trata de los restos de Juan Aldama, Ignacio Allende, Nicolás Bravo, Vicente Guerrero, Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez, Mariano Matamoros, Francisco Javier Mina, José María Morelos, Andrés Quintana Roo, Leona Vicario, Guadalupe Victoria, Pedro Moreno y Víctor Rosales”. Sin embargo, para vergüenza de los mismos, hoy sale a la luz pública gracias a solicitud del IFAI ante el INAH que tanto Calderón como sus colaboradores estaban al tanto que los huesos eran un montaje urdido con osamentas de hombres, mujeres, niños y hasta venados. Cuando Ernesto Sábato publicó Sobre héroes y tumbas en 1961 introdujo la ceguera como elemento metafórico literario; sin embargo, en nuestro país pereciera que la invidencia suele ser lo mismo impuesta desde la infancia que autoimpuesta a la edad adulta como en el caso de ciertos académicos y políticos inescrupulosos a la hora de agitar el sahumerio de la Mentira Histórica para seguir cobrando sus quincenas.

Pero no todo está perdido si sabemos mirar la debacle de mitos y de huesos como el fin de una larga noche o la posibilidad de volver a empezar. Sin duda alguna la oportunidad se abre para que la clase política mexicana y los historiadores al servicio del Estado puedan redescubrir lo mejor de nuestro pasado, ilustrar a la población con auténticos prohombres y también, por que no decirlo, atreverse quizá a aprender algo nuevo.

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