"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

martes, 3 de abril de 2012

LA TRAICIÓN DE JUÁREZ: Apuntes en el Cuaderno de Bitácora.



La pretendida idea heroica y gloriosa que ha existido y que aún hoy existe sobre Benito Juárez, idea que la Historia oficial de México nos ha vendido e inculcado con gran esmero desde hace más de un siglo, es absolutamente incorrecta.

Parece mentira que aún con tanto material, fuentes e investigaciones serias disponibles, el pueblo mexicano continúe considerando a Benito Juárez como un “héroe”, y no sólo un héroe, sino el más grande héroe que ha tenido México. Esto habla mucho sobre el actual grado de conciencia que posee nuestro pueblo.

El Juárez histórico v.s. el Juárez mitológico.

Las ideas fundamentales que nos han presentado sobre Juárez son:

- Juárez es un notable ejemplo de esfuerzo y dedicación, ya que de ser un humilde indígena que cuidaba rebaños, llegó por sí mismo a ser presidente del país.

- Ejemplo de intelectualidad superior. 
- Él separó a la Iglesia del Estado.
- Él es el autor de las Leyes de Reforma.
- Actuó siempre apegado a la ley, la defendió y nunca permitió que la soberanía del país fuese violada.


Veamos ahora qué tan ciertas son estas aseveraciones.

Cuando Juárez llega al poder después de la Guerra de Reforma se encarga de instaurar un gobierno completamente “liberal” y pretendió, lo que 60 años antes se había divisado en la guerra de independencia: "una nación donde todos los individuos fuesen iguales", ideal siempre utópico y fantasioso y más aún en "el país de la desigualdad", como una vez Humboldt llamara a México. Lógicamente muchas comunidades indígenas se opusieron a ese proyecto de nación porque, con gran acierto, no se consideraban mexicanos. Entonces Juárez comenzó una seria represión en contra de estas comunidades. El presidente indio olvidó sus raíces indígenas.

Juárez no demostró jamás estar orgulloso de su origen indígena, al contrario, al parecer se sentía avergonzado pues casó a toda su prole con gente de orígenes caucásicos.

En las elecciones presidenciales de 1871, Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Profirio Díaz se presentaron como candidatos, resultando ganador Benito Juárez, aunque con evidentes fraudes electorales, por lo que nunca fue presidente constitucional ni elegido por el pueblo, sino que aprovechó las circunstancias de la guerra. En respuesta, Porfirio Díaz se levantó en armas con el Plan de la Noria para arrojar del poder a Juárez, pero fracasó. Juárez se hizo pasar por presidente durante 11 años (1858-1864 y 1867-1872) sin ningún respeto por la legalidad existente, más que Antonio López de Santa Anna, quien apenas pudo sumar unos seis o siete años de gobierno. Además Juárez salía frecuentemente del país hacia lugares como Panamá, La Habana, Nueva Orleáns, sin permiso del congreso.

Se deshizo de sus enemigos políticos fuera de todo orden constitucional y de guerra y asesinó con toda impunidad. En cinco años, de 1867 a 1872, derramó más sangre a espaldas de la ley que el general Porfirio Díaz en treinta años.

Juárez se cansó de venderle el país a los Estados Unidos. Con el pretexto de reconocerlo como presidente firmó tratados con EE.UU. para que éste tuviera accesos en los pasos de Mazatlán a Matamoros, Nogales a Guaymas y en todo el Istmo de Tehuantepec (de Tabasco a Chiapas), cediéndole esos pasos a la soberanía de los estadounidenses, con permiso de matar, arrestar y poseer tierras, en el nefasto Tratado McLane-Ocampo que no se llevó a cabo por la negativa del senado estadounidense. Juárez también pidió dinero al gobierno de EE.UU. para que, en apoyo a las leyes de reforma, se construyeran campos de concentración con el propósito de internar a militares eclesiásticos y conservadores.

Acosado por Miguel Miramón y preocupado porque los estadounidenses no le prestaban ni un centavo, Juárez y sus esbirros se parapetaron tras las murallas de San Juan de Ulúa, y para fortuna de ellos, los conservadores rechazaron la propuesta de los americanos cuando éstos les ofrecieron 15 millones de dólares por la compra de Baja California, Sonora y Chihuahua, acto seguido enviaron a Lerdo de Tejada como representante liberal ante el embajador norteamericano comunicándoles el deseo de Juárez de que los estadounidenses invadieran México, que se impusiera el idioma inglés y se prohibiera la religión católica, también propuso la “americanización” con la inmigración masiva de norteamericanos e importar oficiales para que enseñaran al ejército mexicano disciplina militar.

Con autorización de Juárez comenzaron a maquinar la idea de hacer de México un “protectorado” estadounidense y concedieron todo lo que éstos pedían a cambio de asistencia económica y militar para la noble causa liberal. Sólo que las gestiones se estancaron momentáneamente ya que James Buchanan, presidente de EE.UU. de ese entonces, no quería protectorados sino territorios mexicanos.

Maximiliano de Habsburgo.

Casi todas las acusaciones que se le hicieron a Maximiliano de Habsburgo, podían con la misma facilidad hacérselas a sí mismos Juárez y sus secuaces; pero a Juárez le interesaba demasiado la sentencia de muerte del Emperador. Hasta supo desentenderse de la súplica que le envió el estadounidense William H. Seward pidiendo clemencia para Maximiliano, pero Juárez no mostró ninguna clase de ella con él cuando fue derrotado por las tropas juaristas y fusilado en el Cerro de las Campanas en 1867.

Además de esto, no hay que olvidar que la mayor parte de los liberales se adhirió, con todo el pueblo, a la intervención y al Imperio. Es risible, pues, la estúpida ley del 25 de mayo de 1862, promulgada por Juárez, en que se declara traidores a los intervencionistas y monarquistas, es decir, declaraba prácticamente culpables a todos los mexicanos, puesto que la autoridad de Maximiliano fue reconocida por la gran mayoría del pueblo.

Fue así como los abusos de los liberales trajeron como consecuencia un malestar social que fue uno de los factores más importantes de la Revolución de 1910.

Juárez, el legislador.

Juárez, además, inició el periodo no decente de la Historia de México, haciendo gala de ser el hombre de la Ley y la democracia, mientras burlaba el sufragio y la Ley, gobernaba tiránicamente e impedía la educación política del pueblo. Y, por sugerir el principio constantemente latente en su vocabulario de que es “Ley lo que se promulga” (por impopular, injusto e irracional que sea), resulta el primer gran falsificador en el orden jurídico, responsable de que en México, a partir de entonces y contra lo que exige un deber primordial, no se mire con respeto ni a la Ley ni a las autoridades que tan frecuentemente han sido meras falsificaciones.

Juárez fue, finalmente, uno de los principales destructores del rico patrimonio artístico y bibliográfico de México, puesto que el 15 de julio de 1867, cuando regresó a la Ciudad de México, su caravana destruyó obras de arte de diversos artistas como Bartolomé Esteban Murillo, El Greco, Francisco de Zurbarán y otros artistas más, además de que se dedicaba a saquear pueblos y conventos.

Las Leyes de Reforma y la separación entre la Iglesia y el Estado.

No fue Juárez el autor de las Leyes de Reforma, éstas fueron dadas en Estados Unidos en 1835 al también francmasón Valentín Gómez Farías, y éstas, tan defendidas y difundidas por el alocado juarismo, no son, a diferencia de lo que comúnmente se piensa, la simple separación de la Iglesia y el Estado, separación que es necesaria y completamente acertada, sino que se fue más allá, promulgando la subordinación total de la Iglesia al Estado, despojándola de sus bienes y libertades.

En realidad, la famosa separación entre Iglesia y Estado fue hecha por Ignacio Comonfort y Lerdo de Tejada, no por Juárez. Juárez sólo firmó la Ley Juárez que suprimía tribunales especiales de militares y eclesiásticos así como la anulación de su fuero.

Juárez, francmasón.

Juárez fue ferviente en la práctica masónica. Su nombre se conserva con veneración en diversos ritos. Muchas logias lo han adoptado como un símbolo sagrado, casi una deidad. Prueba de ello es el fastuoso monumento de la Ciudad de México dedicado a Juárez, que fuese construido por los masones mexicanos para honrar eternamente a su diosesito.

Benemérito de las Américas.


Aquí queda demostrado que Benito Juárez es el mexicano más antimexicano que haya dado la historia. Y la masonería mexicana e internacional lo celebra porque comenzó los planes de poder y persecución de sus opositores en México y en Latinoamérica, particularmente los eclesiásticos. Por eso es considerado el "Benemérito de las Américas", no por otra cosa.


"Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".


Es un hecho ampliamente aceptado que Benito Juárez no sólo pronunció aquella célebre frase, sino que fue original del propio Juárez.

Efectivamente esa frase fue pronunciada por Benito Juárez en un discurso que dio cuando regresó a la ciudad de México el 15 de julio de 1867, después de que Maximiliano fuese fusilado. Sin embargo, la frase no es de su autoría. La frase fue escrita por Immanuel Kant en su obra "La Paz perpetua". Kant era un filósofo a quien Juárez admiraba, aunque es de dudarse que lo entendiera.

Conclusión.

Se nos enseña que Juárez fue un héroe pero fue un típico presidente mexicano. Trató de instaurar su propio concepto personal de nación, reprimió a los pueblos indígenas, expropió los bienes de la Iglesia para que los compraran sus secuaces en el poder, pisoteó la soberanía nacional en beneficio de EE.UU. y todo eso desembocó en la dictadura de Porfirio Díaz. Juárez, el idealista, le tendió la mesa al régimen de clientelismo, represión y liberalismo económico y social que continúa hoy sufriendo México.

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