"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

viernes, 29 de marzo de 2013

EVANGELIUM: Joánnem 18, 14-27.

Erat autem Caiphas, qui consilium dederat Iudaeis: “ Expedit unum hominem mori pro populo ”. Sequebatur autem Iesum Simon Petrus et alius discipulus. Discipulus autem ille erat notus pontifici et introivit cum Iesu in atrium pontificis; Petrus autem stabat ad ostium foris. Exivit ergo discipulus alius, qui erat notus pontifici, et dixit ostiariae et introduxit Petrum. Dicit ergo Petro ancilla ostiaria: “ Numquid et tu ex discipulis es hominis istius? ”. Dicit ille: “ Non sum! ”. Stabant autem servi et ministri, qui prunas fecerant, quia frigus erat, et calefaciebant se; erat autem cum eis et Petrus stans et calefaciens se. Pontifex ergo interrogavit Iesum de discipulis suis et de doctrina eius. Respondit ei Iesus: “ Ego palam locutus sum mundo; ego semper docui in synagoga et in templo, quo omnes Iudaei conveniunt, et in occulto locutus sum nihil. Quid me interrogas? Interroga eos, qui audierunt quid locutus sum ipsis; ecce hi sciunt, quae dixerim ego ”. Haec autem cum dixisset, unus assistens ministrorum dedit alapam Iesu dicens: “ Sic respondes pontifici? ”. Respondit ei Iesus: “ Si male locutus sum, testimonium perhibe de malo; si autem bene, quid me caedis? ”. Misit ergo eum Annas ligatum ad Caipham pontificem. Erat autem Simon Petrus stans et calefaciens se. Dixerunt ergo ei: “ Numquid et tu ex discipulis eius es? ”. Negavit ille et dixit: “ Non sum! ”. Dicit unus ex servis pontificis, cognatus eius, cuius abscidit Petrus auriculam: “ Nonne ego te vidi in horto cum illo? ”. Iterum ergo negavit Petrus; et statim gallus cantavit.

(Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo». Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?». El le respondió: «No lo soy». Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho». Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: «¿Así respondes al Sumo Sacerdote?». Jesús le respondió: «Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero se he hablado bien, ¿por qué me pegas? Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: «¿No eres tú también uno de sus discípulos?». El lo negó y dijo: «No lo soy». Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: «¿Acaso no te vi con él en la huerta?». Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.)

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