"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

viernes, 7 de diciembre de 2012

APUNTES EN EL CUADERNO DE BITÁCORA: Ocultismo soviético... más allá del "socialismo científico".

El tristemente famoso autócrata Iósif Stalin,
genocida comunista soviético
Cuando el ateísmo deviene en satanismo.

Los juicios más severísimos que se pronuncian contra el totalitarismo soviético no contemplan, en su inmensa mayoría, un dato histórico: el real y efectivo ocultismo soviético. O sea: las creencias delirantes, las supersticiones, el culto a fuerzas demoníacas y las prácticas de magia negra realizadas por grupos secretos que pertenecían -y dirigían- el Partido Comunista de la Unión Soviética.

Desde el éxito de "Le Matin des Magiciens" (traducido al español como "El retorno de los brujos"), obra de Jacques Bergier y Louis Pauwels (incluso podemos decir que desde antes) mucho se ha hablado de las corrientes ocultistas que animan al otro totalitarismo histórico: el nacionalsocialista alemán. Pero cuando se trata del marxismo soviético se pasa como de puntillas por este asunto, soslayándolo e ignorándolo. A buen seguro que este estado de las cosas es tal por esa especie de privilegio -como bien denunciaba Jean-François Revel- de que goza el marxismo, una especie de intocabilidad histórica consensuada por parte de los pseudo-intelectuales occidentales (no sólo comunistas, sino también "compañeros de viaje"). En suma: Existe una absoluta ignorancia sobre el ocultismo comunista soviético. Y a esta ignorancia -a veces consciente- se le añade el secretismo y el exotismo alfabético de la lengua rusa.

Así las cosas, lo que puede hacerse es una pequeña aproximación. Que, ante el escenario desolador de estudios más exhaustivos y profundos, ya es bastante.

Pese a su ateísmo dogmático -como exige el materialismo histórico marxista- es sabido que las instituciones científicas soviéticas siempre tuvieron una tendencia muy pronunciada a los estudios psicológicos y parapsicológicos: telepatía, telequinesia y otros fenómenos es lo primero que del ocultismo soviético se asoma. ¿Quién no sabe del caso de Nina Kulagina? Nina Kulagina (1929-1990) fue empleada por el Ejército Soviético en la II Guerra Mundial y sus supuestos poderes telequinésicos fueron estudiados por científicos soviéticos; y no fue la única persona que, por su llamativas capacidades psíquicas, mereció la atención de los científicos de la URSS. Siempre puede decirse que el interés que por estos fenómenos paranormales pudieran tener los comunistas fuese suscitado por las aplicaciones políticas y bélicas que de ellos pudieran aprovecharse, pero no deja de ser un síntoma de algo más profundo y contradictorio: el marxismo que se preconiza materialista, parece abandonar sus premisas y se interna en un campo más difuso y, todo sea dicho, más vidrioso para un materialista profeso: el de las presuntas energías psíquicas.

Sin embargo, no omitiremos la existencia y pervivencia -incluso clandestina- del cosmismo ruso, esa extraña y poco conocida filosofía que es un sincretismo que funde muchos elementos en su aleación y algunas de cuyas ideas llegarán tímidamente a occidente: por ejemplo, Pierre Teilhard de Chardin (1863-1945) reconoció la influencia que sobre él ejerció Vladimiro Ivanovich Vernadski (1863-1945).

Otro capítulo podría ser el de los símbolos empleados por el régimen totalitario soviético. Entre ellos la estrella de cinco puntas y tantos otras señales simbólicas que no pueden ser atribuidas a casualidades, sino a conocimientos esotéricos.

El psíquico de Stalin, Wolf Messing
Pero el ocultismo no solo será estudiado y practicado en la U.R.S.S. por grupos esotéricos. Sobre uno de los mayores genocidas de la Historia Universal, hablamos de Iósif Stalin, ideas y creencias ocultistas ejercerán una poderosa influencia. Stalin creía en astrólogos, como Hitler; y también se sirvió de los presuntos poderes psíquicos de Wolf Messing (1899-1974). Pero, mucho antes de llegar al poder, Stalin había tenido ocasión de entrar en contacto con el ocultismo, merced al enigmático George Gurdjieff (1866-1949) que reveló haber sido compañero de escuela del genocida soviético. Parece que fue Gurdjieff el que convenció a Stalin del oculto poder místico del número 7 (Gurdjieff sostenía que la consciencia humana estaba "estratificada" en 7 niveles). Y bien que Stalin lo puso en práctica: en 1947, cuando se celebraba el Octavo Centenario de la fundación de Moscú, Stalin ordenó a sus arquitectos la proyección de ocho rascacielos, el séptimo proyectado no pudo edificarse. Por eso, son llamados "Las Siete Hermanas de Stalin" (Stálinskiye Vysotki). Pero todo esto parecía venirle a Stalin de un extraño sueño que había tenido en la juventud: en aquella experiencia onírica el dictador comunista pudo ver siete pirámides. Y todo indica que, poniéndoselo en conocimiento a Gurdjieff, fue éste el que animó a Stalin a realizar aquel sueño, levantándolas en medio del mismo Moscú y con una voluntad mágica.

El enigmático ocultista George Gurdjieff
La octava "pirámide" le fue sugerida a Stalin por su gabinete astrológico que le explicó la correspondencia que de este modo tendrían las ocho pirámides con los ocho planetas del sistema solar, implementando la idea originaria de las 7 gradaciones de la consciencia. Ésta no llegó a realizarse, como más arriba hemos dicho. Además de la génesis de la proyección arquitectónica megalómana, son muchas las rarezas que concurren y envuelven la construcción de estos edificios colosales de Stalin. Dos son las que más pueden llamarnos la atención: Digamos que las pirámides fueron disimuladas bajo la cobertura de rascacielos. Pero los edificios son en su interior son pirámides. Para su construcción se empleó la piedra de la destruida Cancillería del III Reich, tras la derrota de la Alemania nazi. De la procedencia descabellada de la piedra para estos edificios puede inferirse una especie de "antropofagia simbólica" del enemigo vencido.

Digamos también, cuando tocamos al fin de este artículo, que el octavo edificio que no pudo realizarse iba a ser el Palacio de los Sóviets, cuya proyecto era acariciado por los líderes soviéticos con antelación a 1947. Como un gesto de soberbia satánica, el régimen comunista ordenó la demolición de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. El templo fue volado por los aires el 5 de diciembre de 1931 y sobre su solar se ideó levantar el fáustico Palacio de los Sóviets, como símbolo triunfalista del poder arrollador del comunismo que aplastaba así la tradición cristiana rusa. Sin embargo, como otra torre de Babel, el proyecto fue frustrado por la Divina Providencia. La voladura se pudo efectuar, también se iniciaron las obras que echaban los cimientos para el Palacio de los Sóviets en 1939, pero la invasión hitleriana de la U.R.S.S. detuvo las obras. Tras la victoria de los aliados liberales y la U.R.S.S quisieron reanudar la construcción, pero siempre había algún obstáculo, hasta que se renunció al proyecto. Esto fue tras la muerte de Stalin, cuando Nikita Jruschov ordenó aprovechar el espacio para hacer una gran piscina pública. Muchos cristianos vieron en estas contrariedades -lo creemos del todo exacto- la mano de Dios.

Vemos, por lo tanto, en una primera aproximación que el comunismo soviético no fue ajeno a las corrientes ocultistas, como pudiera pensarse por no existir suficiente literatura sobre el asunto. El nazismo tuvo una médula ocultista y luciferista. El comunismo soviético también la tuvo.

Voladura de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú
Sobre las razones ocultistas de Stalin para la erección de sus Siete Pirámides, hay un artículo magnífico publicado en "Rusia Hoy": "Los siete secretos de Stalin".


Tomado del blog "Libro de horas y hora de libros": http://librodehorasyhoradelibros.blogspot.mx/2012/12/ocultismo-sovietico-mas-alla-del.html

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