"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

lunes, 11 de marzo de 2013

EL MITO DE LA EVOLUCIÓN: Por José Luis Ortíz del Valle Valdivieso.



CONTRADICCIONES INSOLUBLES DE LA HIPÓTESIS EVOLUCIONISTA

PRÓLOGO

La hipótesis evolucionista se hunde, hace agua por todas partes, pero es tema recurrente en publicaciones frívolas cuando éstas quieren entreverar algo “científico”. Ciertos enlatados de televisión y de literatura seudocientíficos dan por sentado el Evolucionismo. Todavía se consiguen en nuestro subdesarrollo cultural, profesores de enseñanza media y aun universitaria que muy frescos comulgan a sus indefensos alumnos con el “dogma” de la Evolución.

Por ello es necesario dar a conocer al gran público cuál es, ante la ciencia de nuestros días, el peso real de la hipótesis evolucionista, esa especie de ciencia-ficción sobre el pasado prehistórico. Ahora, más que en años atrás, calificados hombres de ciencia de varias disciplinas se hallan convencidos de que la hipótesis de la evolución de las especies o macroevolución no sólo no se ha demostrado sino que contradice los conocimientos científicos más avanzados.

Siendo una simple hipótesis y al mismo tiempo un mar de contradicciones insolubles, el evolucionismo subsiste en niveles de enseñanza media y superior y se impone como un dogma por obra de la desinformación y la contrainformación, especialmente marxista, cuya falta de honestidad intelectual es bien sabida. Los argumentos contrarios son casi en su totalidad desconocidos; unos pocos escritores católicos y algunos protestantes, han tratado de romper esa “cortina de silencio” para dar a conocer lo que auténticos hombres de ciencia han encontrado como refutación del mito evolucionista.

Desde luego la labor no es fácil porque, como anota HUGUES KERALY (escritor francés contemporáneo), “el mito de la evolución de las especies sigue un destino paralelo al de la ideología comunista: tanto en uno como en otro caso, jamás la historia de las ideas había engendrado doctrinas tan sacrílegas, tan inhumanas, tan hediondas, pero que hayan progresado en el mundo con tanta facilidad.” “Stultorum infinitus est numerus.” (“El número de los tontos es infinito.”)

Entre los más activos desmitificadores del Evolucionismo debe ser mencionado A. ERNST WILDER SMITH. Su calificación como hombre de ciencia y por ende de cultura, está por encima de toda discusión. Como profesor universitario ha dictado cátedras en universidades europeas, asiáticas y americanas. Por esa alta calificación le han sido encomendadas también importantes misiones fuera del ambiente académico: por diez años ha dirigido el departamento de investigación de una importante industria química suiza y ha sido consejero de la OTAN en Europa para asuntos químicos. WILDER SMITH ha afrontado en numerosos libros y publicaciones los fenómenos de la aparición de la vida sobre la tierra. En su obra “DIE NATURWISSECHAFTEN KENNEN KEINE EVOLUTION” (“LAS CIENCIAS NATURALES NO CONOCEN LA EVOLUCION”), WILDER SMITH sienta cuatro conquistas de la ciencia que refutan la Evolución:

a) La información genética celular. La información para la vida está contenida en ácidos nucleicos cuya formación es imposible por pura casualidad.

b) La imposibilidad de que se formen, al azar, proteínas utilizables por estructuras vivas.

c) El amamantamiento de los mamíferos acuáticos, caso en el cual el modelo de una lenta evolución es completamente inadecuado.

d) Los organismos termófilos, que viven entre 60 y 100 grados centígrados, los que encuentran las mejores condiciones de vida a temperaturas que para otros organismos son letales.

e) Por la “datación” (fijación de fechas) que demuestran una considerable estabilidad de las especies.

PRELIMINAR

Es cierto que el tema del Evolucionismo puede ser pesado o aun aburrido para muchos. Sobre todo si el escritor afronta el tema con seriedad científica. Por ello y porque quien escribe este pequeño ensayo no es científico, no está propuesto desarrollar una larga exposición sobre cada uno de los argumentos contra la hipótesis evolucionista y éstos quedarán enunciados como inquietud para quienes deseen profundizar.

Alguien dijo, con gran perspicacia, que la poca ciencia aleja de Dios y que la mucha ciencia acerca a Dios. Cabría agregar que la ignorancia humilde también acerca a Dios.

Ocurre que un auténtico sabio, cuanto más se acerca a la realidad, más encuentra a quien es la Verdad: Dios. Lo peligroso y fatuo es engreírse con pocos conocimientos científicos y creer que éstos permiten colocarse por encima de todo acatamiento a aquello que sobrepasa nuestra pequeñez humana.

Durante muchos años en academias científicas, en universidades y colegios se ha sostenido y enseñado, como si fuera una verdad incontestable, la EVOLUCION DE LAS ESPECIES, con el objeto de descartar toda posibilidad de creación Divina, es decir de desconocer a Dios. Y la publicidad seudo-científica, en este mundo actual que poco gusta de los dogmas, ha coreado y orquestado irónicamente el dogma evolucionista que se vino imponiendo tiránicamente como si se tratara de algo perfectamente establecido por la ciencia.

Pero científicos auténticos, en los últimos años, no atados a una “intelligentzia” que vive de la mitología evolucionista, muestran y confirman las contradicciones insolubles de la “Teoría de la Evolución“, que más que teoría es una mera hipótesis que por momentos se bate en retirada.

El Evolucionismo es refutado, entre otras, por las actuales teorías de la información genética celular, por la imposibilidad de que se formen al azar proteínas utilizables por estructuras vivas y menos en el océano, donde los evolucionistas colocan arbitrariamente el origen de la vida, por el amamantamiento de los mamíferos acuáticos, por los organismos termófilos y por la fijación de fechas (“datación”) que demuestran una considerable estabilidad de las especies.

La “Teoría de la Evolución” sólo subsiste hoy por medio de una propaganda interesada en defender el materialismo o el panteísmo, pero en los medios verdaderamente científicos se afirma: “las ciencias naturales no conocen la evolución“.

En relación con el origen de la vida y sus cuestiones anexas, dos banderas se parten el campo: el reconocimiento de Dios trascendente y creador, por un lado, y la revolución inmanentista, por el otro.

En favor de la revolución inmanentista juega papel de apoyo una ilusión que tiene varios nombres y diversos planteamientos: evolucionismo, transformismo, evolucionismo seudo-cristiano a lo Teilhard de Chardin, evolucionismo idealista, materialismo dialéctico, etc., etc.

Hay un mito evolucionista. Cualquiera que sea la forma que adopte esta falsa doctrina (que trata de explicar nuestro origen de manera revolucionaria y mediante pretendidos dogmas “científicos“, con el propósito preconcebido de tratar de derribar la construcción filosófico-teológica tradicional), ha disfrutado de un favor sin precedentes en los medios de comunicación social.

Lo que a la luz de la verdadera ciencia no es más que ficción, lo que no puede considerarse siquiera como una hipótesis fundada, aquello que mucho menos puede sustentarse como teoría científica seria, ha sido presentado, sinembargo, por una propaganda poderosa, como si fuera doctrina científica comprobada. Cualquier persona que pretende darse tono cientifista (como muchos que se conocen), hace un gesto de suficiencia intelectual y pronuncia la palabraEVOLUCION, pero muy pocas personas se toman el trabajo de investigar seriamente si la pretendida evolución de las especies tiene realmente bases científicas o si es apenas un mito,una ilusión pretendidamente científica.

Casi todas las novedades científicas en el campo teórico suelen ser recibidas con indiferencia o en medio de críticas o incomprensiones. Pero una curiosa excepción ha sido la corriente evolucionista. Ésta contó desde un principio con fanáticos favorecedores que rápidamente se apoderaron de academias, cátedras y medios de comunicación masiva, hasta el punto de que lograron establecer una cortina de silencio para impedir el conocimiento de las conclusiones a que la verdadera ciencia ha llegado y que desenmascaran el engaño evolucionista.

La Evolución, no cabe duda, es una cuestión científico-filosófica-teológica. La idea de evolución fue propuesta por el griego HERÁCLITO (540-480 A.C.) y vino a resurgir con SPENCER, filósofo que tuvo gran influencia en el pensamiento del siglo XIX. La fusión de la filosofía evolucionista con el darvinismo fue lo que dio origen a la doctrina posterior de la Evolución. Decimos “posterior”, porque también hay “evolucionistas cristianos” (?!), como el jesuitaTEILHARD DE CHARDIN, pero se ven en grandes aprietos para conciliar su “fe evolucionista”con la fe cristiana y proponen fantasmagorías que tratan de probar con una terminología seudocientífica alucinante.

Según ha demostrado el filósofo francés ETIENNE GILSON, Darwin fue indiferente a la noción de “evolución” así como Spencer fue indiferente a la idea de “selección natural” de Darwin. Spencer más bien sería lamarkiano. La razón para que se hayan unido las ideas de “evolución” y “selección natural” es religiosa ante todo. Veamos.

Se trataba de hacer (en el siglo XIX) una coalición contra la teología común, la que ligaba las ideas de creación y fixismo.

En sentido estricto el TRANSFORMISMO BIOLÓGICO es la doctrina que trata de explicar la existencia de las especies actuales por la mutación progresiva de las especies más simples, a lo largo de las eras geológicas: de la ameba hasta el hombre, pasando por todas las variedades observables o supuestas (?) de peces, reptiles, mamíferos, primates,… Esta doctrina es tan comúnmente, tan ciegamente admitida que no se tiene reparo en imprimirla en nuestros días en casi todos los manuales escolares, sin acompañarla de las debidas reservas. Ateniéndonos a la definición clásica de TRANSFORMACION, esta es “el cambio de forma, por el cual un ser, dejada la forma que tenía, adquiere otra. Se toma el término transformación como evolución de una forma a otra, aunque propiamente la evolución connota algo interno y cierta gradación de la transformación.” (F.M. Palmes, S.J. “Philosophia naturalis, Cosmologia, et Psichologia”,”Philosophiae Scolasticae Summa II”, B.A.C., 1955)

Algunos pretenden ir más lejos en el uso del argumento transformista y hacen de la evolución biológica la segunda fase de una explicación más general sobre la formación del universo terrestre, con la evolución molecular: la materia inicial, inorgánica, por sí misma se habría organizado lentamente, se habría “complejizado”, para dar un día nacimiento (siempre en virtud de su dinamismo y de sus leyes propias) a los primeros seres vivos. ¡Ahí esta la gran “claridad” evolucionista-transformista!

Ambas doctrinas, el evolucionismo y el transformismo, como se evidencia, no pueden sostenerse sino con argumentos pretendidamente científicos.

La primera tentativa de justificación científica de la evolución se remonta a LAMARK, quien publicó en 1809 un libro con título muy curioso: “La filosofía zoológica“. Lamark parte de una observación, por cierto muy trivial, de que el género de vida impuesto por la naturaleza a una especie dada es, muchas veces, capaz de modificar algunas de sus conformaciones físicas en el sentido de una mejor adaptación al medio ambiente: así, el mono y el hombre de las selvas se adaptan a la marcha a pie descalzo por un endurecimiento de la planta de los pies. Bien. ¿Pero cómo deducir de ahí toda una “Teoría de la Evolución”, es decir, de la adaptación sucesiva y progresiva de especies nuevas, de órganos nuevos, sin caer en lo imaginario, pura y simplemente?

El “medioambiente”, a menos de hacer de éste una especie de “Genio lúcido y omnipotente” (lo que no sería muy científico), no crea en realidad más órganos de los que destruye. El “medioambiente” favorece indirectamente el desarrollo de ciertas especies EXISTENTES en detrimento de algunas otras menos bien provistas y esto es todo cuanto puede concluirse honestamente sobre el asunto. Hay otra dificultad, que no es de las menores. El lamarkismo y sus variantes suponen que SON HEREDITARIOS TODOS LOS CARACTERES ADQUIRIDOS. Imaginan que, en un instante, la influencia del medioambiente ha sido capaz de crear nuevos órganos en algunos individuos. Ahora bien, “resulta que, después de 100 años de experimentación, se ha comprobado que los caracteres adquiridos por el individuo bajo la influencia del medioambiente no se trasmiten a la descendencia“. (GEORGES SALET, “Hassard et certitude”). Esta experiencia concuerda con los descubrimientos acerca del ADN (ácido desoxirribonucleico: es uno de los cuales depende la transmisión de la información genética):la inmutabilidad de los caracteres genéticos esenciales de cada especie. Lo que explica esa particularidad, trivial en apariencia solamente, de que los conejos engendran siempre conejos y los ratones siempre ratones, particularidad que determina también en el ser humano la imposibilidad de recibir transfusión sanguínea de otro animal.

ENSAYO

Formulación del problema

Durante muchos años se sostuvo y enseñó, como si fuera una verdad incontestable, la evolución de las especies, con el objeto de rechazar la intervención trascendente y creadora de Dios.

Posición frente al problema

En los últimos años, científicos auténticos no atados a la mitología evolucionista, muestran y confirman las profundas contradicciones de la hipótesis evolucionista que ahora se bate en retirada. En este sentido es de destacar la obra ya mencionada aparecida en 1978 y publicada en alemán por A. ERNST WILDER SMITH con el título “LAS CIENCIAS NATURALES NO CONOCEN LA EVOLUCION“, obra en la que se presentan contundentes argumentos experimentales y teóricos contra la hipótesis de la evolución.

Presentación de las pruebas

El Evolucionismo es refutado hoy por las actuales conquistas de la ciencia, entre otras las siguientes:

a) La información genética celular;

b) La imposibilidad de que se formen al azar proteínas utilizables por estructuras vivas y menos en el océano donde los evolucionistas colocan arbitrariamente el origen de la vida;

c) Por el amamantamiento de los mamíferos acuáticos;

d) Por los organismos termófilos;

e) Por la “datación” (fijación de fechas) que demuestran una considerable estabilidad de las especies.

Explicación de las pruebas

La información genética celular.

“La vida está constituida por un sistema binario en el que la información se halla contenida en los ácidos nucleicos que la transmiten a las proteínas; éstas, a su vez, explican todas las funciones dentro del organismo, comprendida la de reconstruir, en el momento de la reproducción, los ácidos nucleicos respetando su estructura.” (Giorgio Morpurgo)

La información para la vida está contenida en ácidos nucleicos que, según la hipótesis evolucionista, se habrían formado por pura casualidad. WILDER SMITH critica esta hipótesis basándose en las modernas teorías de la información. Sus argumentaciones son a menudo complicadas y presuponen conocimientos específicos. Algunos ejemplos, con todo, son significativos y fáciles de comprender.

Golpeando al acaso sobre el teclado de una máquina de escribir es posible que en un cierto momento aparezca escrita una palabra que tenga sentido, por ejemplo “pani” (en italiano: “pan”). En este punto se podría tener la apariencia de que el acaso ha creado información. Pero si el experimento fuese presenciado por personas que no conocen el italiano, estos permanecerían perplejos, porque para ellos la palabra “pani” no significa absolutamente nada. Pero si allí estuviese un polaco, éste podría quedar estupefacto ante el experimento, ya que “pani” en polaco significa “señora”. Este ejemplo muestra claramente como la transmisión de una información necesita de un código y de una convención preexistentes. La sucesión de los ácidos nucleicos provee el sustrato de la información, tal como la sucesión de las letras provee el sustrato de la palabra, pero el significado de la palabra depende de un código y, según sea el código, una secuencia puede tener ningún o diferentes significados.

Además es necesaria la existencia de un sistema capaz de leer, interpretar y eventualmente poner en práctica las informaciones codificadas en la secuencia de los ácidos nucleicos, es decir “una relación entre los ácidos nucleicos y la formación de proteínas especificas, por lo que en este punto no es fácil encontrar una solución al problema“, como se ve obligado a admitir el conocido evolucionista GIORGIO MORPURGO.

Un postulado de la evolución está constituido por la mutación, de tal manera que, por errores de transcripción del patrimonio genético de las células, se tendría, en algunos casos, la formación de seres vivientes, adaptados mejor al ambiente que los originarios. También esta concepción contradice, según WILDER SMITH, las actuales teorías de la información genética, según las cuales de un error en la transmisión de una información genética brota un aumento de información. Es como admitir que haciendo copiar indefinido número de veces el esquema de un radio, llegue a ser cometida una serie de errores (mutaciones). Los radios construidos con base en estos esquemas “cambiados” serían en algunos casos enteramente mejores que los construidos según el esquema original y tendrían mayor éxito en el mercado (selección). Por una serie de errores de copia (mutaciones) y por la situación del mercado (otra selección) se desarrollarían radios cada vez más complejos y obviamente, después de un congruo número de errores, ¡saldría un televisor completo!

¡Esta es la asombrosa “lógica” evolucionista!

La imposibilidad de que se formen al azar proteínas utilizables por estructuras vivas.

Las proteínas son gruesas moléculas formadas por largas cadenas de aminoácidos. Estas cadenas no son casuales, sino que la secuencia de aminoácidos, la longitud y la forma son del todo específicas y confieren individualidad a cada ser o especie viviente. Según la posición evolucionista, sobre la tierra se habrían formado por casualidad aminoácidos que se habrían acumulado, en solución en el océano, y de la síntesis casual de más aminoácidos se habrían formado las primeras proteínas.

En la naturaleza, dentro de condiciones particulares, se pueden formar espontáneamente aminoácidos y se puede admitir que se han formado sobre la tierra antes de la aparición de seres vivos.

Pero aquí surge una dificultad: los aminoácidos tienen estructura tridimensional y tienen como centro un átomo de carbono. En todo aminoácido existen dos formas simétricas que, con base en características particulares llegan a definirse como dextrógiros o levógiros. Estas formas simétricas tienen, en parte, las mismas características pero, en ciertas reacciones o estructuras, es utilizable sólo la forma levógira o la forma dextrógira. Los aminoácidos que se forman espontáneamente son en un cincuenta por ciento dextrógiros y en un cincuenta por ciento levógiros, mientras las cadenas proteicas de los seres vivientes utilizan exclusivamente formas levógiras. Este hecho constituye una dificultad insalvable para la hipótesis evolucionista: las proteínas se constituyen con decenas o centenas de aminoácidos y basta la inserción de un solo aminoácido dextrógiro para hacer la cadena proteica inutilizable para la vida.

¿Cómo puede pretenderse que, en una solución que contiene en igual cantidad formas dextrógiras y levógiras, se formen por síntesis casual cadenas de sólo amino ácidos levógiros?

Los evolucionistas han buscado en vano dar una respuesta satisfactoria a esta pregunta.

Por lo que respecta a la síntesis de las cadenas proteicas, ahí hay otra dificultad. Las reacciones químicas no se presentan o desarrollan por casualidad, sino que están sujetas a una serie de leyes: una de éstas es la ley de la acción de la masa. Si de la reacción A + B se originan las sustancias C y D, la reacción puede darse también en sentido inverso, esto es, que de C + D se pueden formar A y B. La dirección de la reacción, o su equilibrio, depende de una serie de factores. En el caso de la síntesis de dos aminoácidos, se tiene la producción de una molécula de agua. Si del sistema donde ocurre la reacción se quita agua, la reacción de síntesis se torna más fácil; si en cambio, en el sistema hay presencia de gran cantidad de agua, los aminoácidos tienden a permanecer en solución. ¿Y dónde hay más agua que en el océano? Los evolucionistas dicen que la síntesis de las grandes moléculas proteicas se presentó precisamente en el océano, no obstante la ley de la acción de la masa.

En este punto WILDER SMITH afirma que “casi el último lugar sobre este planeta, donde las proteínas de la vida se podrían formar espontáneamente de aminoácidos es precisamente el océano. Sinembargo, casi todos los manuales de biología enseñan este error, para justificar la hipótesis evolucionista y la biogénesis espontánea. Se necesita conocer muy mal la química orgánica, o ignorarla a propósito, para no tomar en consideración los hechos mencionados.“

Por el amamantamiento de los mamíferos acuáticos.

Mutaciones y selección estarían en la base de la evolución. Pero en la naturaleza se encuentran enseguida obstáculos insalvables. WILDER SMITH da como ejemplo el amamantamiento de los mamíferos acuáticos: el amamantamiento en el agua comporta una situación completamente diferente de la tierra. En el agua es necesario succionar o recibir la leche sin tomar agua. Nos encontramos en este caso frente a una situación clara: los órganos, o están desde el comienzo perfectamente adaptados al fin y entonces el amamantamiento puede ocurrir aun en el agua, o no lo están, lo que significa la muerte del individuo. En este caso, como en muchos otros, el modelo de una lenta evolución, de una lenta transformación, es completamente inadecuado.

Y a propósito de los mamíferos acuáticos, cabría agregar que siendo de los seres vivientes más antiguos en el planeta, su “evolución” ha sido nula, pues han “alcanzado” (solo algunos) el insignificante desarrollo de los actuales primates. Frente a este ejemplo resulta asombroso observar que al ser humano se le asigna una antigüedad en la tierra muy inferior a la de estos mamíferos acuáticos.

Por los organismos termófilos.

Otro ejemplo está constituido por los organismos termófilos, esto es aquellos organismos que viven entre 60 y 100 grados centígrados. Los organismos termófilos encuentran las mejores condiciones de vida, de desarrollo y de reproducción a temperaturas que para otros organismos son letales, o sea a temperaturas que desnaturalizan las proteínas de otros organismos. La termofilia no depende de un solo gene, sino de varios genes, pues son numerosas las estructuras proteicas que deben estar adaptadas a temperaturas superiores a las de los llamados mesófilos, con respecto a los cuales no es posible admitir la aparición de tales caracteres con la mutación de un solo gen.

Además, tampoco es posible una lenta evolución de organismos cada vez más resistentes al calor, por cuanto estos organismos pueden desarrollarse solamente a temperaturas elevadas. También en el caso de los organismos termófilos, nos encontramos frente a organismos perfectamente adaptados a condiciones de vida muy particulares, para los cuales es imposible admitir la existencia de formas intermedias. Aun en el campo evolucionista se reconoce tal dificultad, como lo hace MORPURGO : “aumentar, por lo tanto, en la evolución la temperatura a que puede vivir un organismo quiere decir aumentar la resistencia al calor de todas las proteínas a un mismo tiempo, porque aumentar la estabilidad en la temperatura de una sola especie molecular es perfectamente inútil. Numerosísimas mutaciones a un mismo tiempo, son prácticamente imposibles.“

Este orden de dificultad ha quedado bien sintetizado por MORPURGO: “¿cómo ha hecho el proceso de selección natural para llevar a la formación de una función que en su estado final es útil o indispensable, pero en sus estados intermedios es inútil o dañosa?“

Por la datación.

Aun considerada la evolución por mutación y selección desde el punto de vista estadístico, es totalmente inverosímil que los teóricos de la evolución se hayan visto obligados a dilatar, casi hasta el infinito, la dimensión tiempo, dando entrada a períodos siempre más largos para el desarrollo de la vida sobre la tierra: ¡como si con este expediente se pudiera hacer posible lo imposible!

Por mucho tiempo los evolucionistas se han servido, para la datación de rocas y de fósiles, de un método absolutamente inaceptable.

Asignada de una manera totalmente arbitraria, determinada edad a cierto fósil, esto les permitía datar o fechar las rocas que lo contenían; a su vez la edad de las rocas, establecida por el método mencionado, servía para establecer la edad de los otros fósiles.

El mismo MONTALENTI admite la escasa cientificidad de este método: “la determinación de la edad de las rocas es motivo de un largo debate dentro de un círculo vicioso“.

Particularmente apropiados para este método parecían ser los fósiles de animales extintos o tenidos por tales. Este fue el caso de la “latimeria”, una especie de pez considerado como extinguido hace cerca de 300 millones de años. Pero recientemente fueron pescados, a lo largo de las costas de Madagascar, ejemplares vivos de “latimeria”. Por lo tanto, todos los datos obtenidos sobre la base de fósiles de latimeria carecen de valor.

Pero existen otros ejemplos que no solo ponen en duda la validez de este método, sino que hacen vacilar además toda la “Teoría de la Evolución“. Según los árboles genealógicos construidos por los evolucionistas, los dinosaurios se habrían extinguido hace por lo menos 70 millones de años, mientras los primeros hombres habrían aparecido, por muy pronto, hace un par de millones de años.

Tras la extinción de los dinosaurios y la aparición del hombre habría, por lo tanto, un intervalo de cerca de 68 a 70 millones de años, por lo cual debería haber sido imposible que un hombre y un dinosaurio se hubieran encontrado, según los evolucionistas.

Hace algunos años se hizo un interesante descubrimiento en el lecho de un río de Texas (U.S.A.), en el Paluxi: en una formación de yeso se encontraron improntas sumamente nítidas, de brontosaurio y de hombre. La única explicación posible es que el brontosaurio y el ser humano, que han dejado aquellas improntas, fueron contemporáneos. En efecto, si el yeso se hubiera solidificado después de haber recibido las improntas de brontosaurio y se hubiese vuelto de nuevo blando después de 68 o 70 millones de años, las improntas de brontosaurio se habrían perdido. Lo del río Paluxy es, sin duda, uno de los más significativos pero no el único ejemplo de tal género.

No son raros los encuentros de trazas humanas en estratos geológicos que deberían situarse en períodos muy anteriores a la aparición del hombre sobre la tierra, según los evolucionistas. Pero la “ciencia” oficial ignora tales hallazgos.

Para remontarse a los límites del señalamiento de fechas con fósiles, se utiliza la técnica de los isótopos radioactivos y sobre todo del “carbono 14″, isótopo radioactivo del carbono. En el aire hay presente una cierta cantidad de “carbono 14″ que entra en el organismo por la respiración y se utiliza para construir los tejidos. Después de la muerte, con el cese de la respiración, cesa también la asunción de nuevo “carbono 14″, mientras que el que se halla presente en los tejidos se transforma en carbono no-radioactivo a una velocidad conocida. Conociendo la concentración de “carbono 14″ en los tejidos al momento de la muerte de un organismo y pudiendo medir cuánto hay todavía presente, es posible calcular con cierta aproximación la edad del fósil, aunque no se trata de un método muy confiable por lo que veremos adelante.

WILDER SMITH pone en duda la validez de los resultados obtenidos con esta técnica, que presuponen la continuidad del “carbono 14″ en el aire y por lo tanto en los tejidos. Según WILDER SMITH esto es falso. El “carbono 14″ se forma del bombardeo de átomos de nitrógeno por rayos cósmicos. La intensidad de tal bombardeo, y por lo tanto la concentración de “carbono 14″, depende del campo magnético terrestre: cuanto mayor es el campo magnético, tanto menor es la cantidad de rayos cósmicos que logran penetrar en la atmósfera. Hace apenas poco más de un siglo han estado en capacidad de medir el campo magnético terrestre y en este período el campo magnético ha disminuido considerablemente. Lo que tiene notables consecuencias: si en el pasado el campo magnético terrestre era superior al actual, entonces la concentración de “carbono 14″ en el aire era inferior y por consiguiente la cantidad del isótopo presente en los organismos vivos, para los cuales al momento de la muerte la concentración era inferior a la admitida hoy. Por lo tanto, la baja concentración de “carbono 14″ en los fósiles no puede ser considerada sólo como dependiente de una edad considerable, porque depende también de la menor concentración de “carbono 14″ presente en los tejidos al momento de la muerte. Así, los dinosaurios pueden ser especies mucho más cercanas a nuestra era, de los que nos dicen los evolucionistas.

Estos hechos tienen otra repercusión sobre la hipótesis evolucionista, si se tiene presente el papel que cumplen las radiaciones cósmicas en la aceleración de las mutaciones genéticas. “En los tiempos primitivos, con una escasa radiación cósmica, habrían ocurrido menos mutaciones que en tiempos de más intensa radiación. Si, pues, las mutaciones son la fuente `verdadera` de la evolución darviniana (como se sostiene CASI unánimemente), entonces este tipo de evolución habría sido menos veloz con un fuerte campo magnético terrestre. La Evolución debería haber ocurrido mucho más lentamente en los tiempos prehistóricos con una débil radiación cósmica respecto de hoy con una elevada radiación y frecuentes mutaciones.” (A. ERNST WILDER SMITH)

Y ni siquiera enormes períodos de tiempo alcanzan a explicar algunos fenómenos: si la evolución hubiere acaecido como los evolucionistas se imaginan, deberían encontrarse algunos fósiles de formas intermedias y debería ser posible demostrar la aparición sucesiva de los animales más complejos en varios estratos.

Los fósiles encontrados demuestran lo contrario. “En corto tiempo aparecen prácticamente todos los grandes grupos de animales que viven hoy, así sea con formas diversas de las actuales.“(G. MONTALENTI) Las grandes transformaciones que han llevado a la formación de los grandes grupos de animales hoy existentes, habrían sucedido en corto tiempo y no están documentadas con fósiles, mientras que los fósiles encontrados demuestran mas bien una considerable estabilidad de las especies en el curso de “decenas y centenas de millones de años.“

Conclusión.

La conclusión que planteamos desde el prólogo y el estudio preliminar, es necesario que sea complementada con la invitación a todos los lectores interesados en estos temas a continuar la divulgación e investigación de ellos con el fin de que se rompa, de una vez por todas, elMITO EVOLUCIONISTA implantado por la tirana seudo-científica.

La “Teoría Evolucionista”, como queda demostrado, no solo desconoce todo Principio trascendente y creador sino que se constituye como una gran bofetada a la inteligencia humana, pues desestima que ésta sí puede llegar al conocimiento de la verdad.

Del evolucionismo puede decirse lo que PROUDHON dijo del socialismo: “No es nada, nunca ha sido nada, jamás será nada…” y si se impone a algunos espíritus, es de la misma manera que algunos piensan que el sol gira alrededor de la tierra, cuando contemplan un crepúsculo.

A.M.D.G.

Basado en textos originales de A. Ernst Wilder Smtih y Herman Pavesi. 2006.

domingo, 10 de marzo de 2013

APUNTES EN EL CUADERNO DE BITÁCORA: Belloc y el crédito...


“Referirnos a la función del crédito no es fundamental para la restauración y el mantenimiento de la propiedad.

El crédito no es un elemento vital en todas las sociedades, no es un problema permanente y general de orden social, económico o político.

La función moderna del crédito es de desarrollo comparativamente reciente; y ha seguido un camino desgraciadamente malo, que parece estarse aproximando a la catástrofe.

El crédito es, pues, solamente un asunto local y efímero.

Sin embargo tenemos que considerarlo porque en este momento obscurece monstruosamente nuestra vida cívica.

En sus líneas principales la función del crédito (en ese sentido moderno), es la siguiente:

Los medios de producción y cambio, y el dinero mismo pueden ponerse en movimiento sólo por medio de los Bancos.

En una comunidad moderna altamente industrializada, y en Inglaterra por sobre todas, los bancos forman un monopolio que decide qué maquinaria debe ponerse en movimiento para la producción de qué riqueza, en que cantidad y por quién.

En las manos de esas instituciones de crédito se encuentran en proporción creciente las fuerzas naturales y los instrumentos de producción y los almacenes de mercancías sin las cuales nada puede hacerse; y a discreción del banco está la distribución como por limosna del poder adquisitivo.

La organización de ese sistema, tal como está desarrollado en la actualidad, después de sólo unas pocas generaciones y más particularmente en los últimos cien años, se ha convertido en universal y todopoderosa en los países altamente industrializados y especialmente en Inglaterra.

Todos los pagos de cantidades insignificantes se hacen actualmente por medio de cheques, y prácticamente toda iniciativa depende del apoyo del monopolio bancario, el que emite o se rehúsa a emitir la promesa de pagar cheques.

El crédito bancario en circulación, siendo alrededor de diez veces el valor de los depósitos reales, tiene en su mano la válvula reguladora de toda la maquinaria económica.

No vale la pena intentar la restauración de la propiedad, aquí en Inglaterra, ahora, hasta que no hayamos dado al pequeño propietario algún poder de reacción contra ese amo universal.

En este problema como en todos los otros de nuestra investigación, las reglas principales son las mismas. No podemos hacer un ataque frontal ni podemos pretender un cambio universal e inmediato. Solo podemos trabajar de a poco y desde humildes comienzos.

Podemos en consecuencia, actuando pasivamente, sostener el trabajo útil que han hecho otros que no simpatizan con nuestros ideales. Podemos difundir (y es deber de todo buen ciudadano hacerlo) el conocimiento de los poderes arbitrarios poseídos por los bancos modernos y proclamar el deber de controlarlos.

Esa acción general está abierta a nosotros y es de gran utilidad. Pero no podemos pretender que se implante rápidamente un adecuado control del crédito, que se ha desarrollado casi durante nuestras vidas y que ya está a punto de estrangular a la sociedad.

Lo que podemos hacer es establecer pequeñas instituciones cooperativas de crédito, debidamente organizadas y legalmente protegidas contra ataques externos.

No resulta práctico sugerir un control público del monopolio bancario desde arriba, en manos del poder central del gobierno…Sus actividades sólo pueden ser modificadas por el crecimiento gradual de la propiedad bien distribuida.

Mientras tanto, a la par del presente monopolio bancario, debería fomentarse el desarrollo de los bancos cooperativos debidamente organizados, con privilegios oficiales y conectados con gremios de todo tipo. Esas instituciones populares de crédito no pueden subsistir ni por un momento contra la hostilidad de un monopolio bancario independiente (que hoy es más poderoso que el mismo Estado), a menos que fueran sostenidos por privilegios: leyes positivas que los protejan y estatutos especiales.

Pero asegurados esos estatutos y leyes que los defiendan del asalto y del asesinato, los bancos cooperativos populares aumentarían en importancia.

Quizás, aunque improbablemente terminarían por transformar todo el sistema del crédito bancario, sometiéndolo a esas pequeñas unidades que constituyen la base del gremio.

Aquí termino lo que no pretende ser sino una serie de breves sugerencias, acerca del método con que puede iniciarse una reacción contra el capitalismo y su fruto, el comunismo."

Hillaire Belloc (1936), “La restauración de la Propiedad”, Ed. Poblet, Buenos Aires, 1949.

ABORTO. EL HORROR DE LO BANAL: Por Dardo Juan Calderón.

“El aborto no es un infanticidio, es un crimen metafísico”. J. P. Sartre.

Cuando uno se ha criado en el convencimiento de que ante el milagro de la procreación -donde Dios directamente infunde el alma- el mundo entero debería arrodillarse, claro que resulta horriblemente inexplicable este celo criminal por acabar con la vida de un niño. Más chocante aún resultan las excusas y eufemismos que promueven este infanticidio, hoy políticamente correcto.

Es mi intención el mostrar cuál es el nivel de las ideas y el fuste de los hombres que lo cometieron, avisando que el proceso de descenso a las razones y argumentos que se usan para la ejecución es de alguna manera tan vulgar, que ameritaría otro acápite para indagar en la oscura psicología del drama. De ese desbalance entre la bajeza y la nimiedad de las razones y la enormidad del crimen; volviendo, por qué no, a aquella parecida historia que fundó la civilización, paradojalmente tramada por la simiesca desfachatez de la pretensión deicida. Siempre reiterada por parecidos personajes.

El asunto debía enfrentar y resistir al más simple silogismo y llegar a la lisa desempolvando teorías condenadas por cualquiera que tenga dos dedos de frente y medio dedo de caridad. Teorías que no se pensaron, sino que se fueron recogiendo por el camino de la persecución, como se recogen los guijarros para lapidar a alguien.

El silogismo al que me refiero se forma así: La vida del hombre inocente es inviolable, el embrión es un hombre inocente, por consiguiente su vida es inviolable.

La certeza parte de varias ciencias: de la ciencia biológica surge irrebatible que el embrión es un hombre -individuo humano- (siempre algún necio lo niega) y su integridad se consagra hasta en la Constitución Nacional (es decir que ningún Juez puede dejar de tenerlo en cuenta). Igualmente surge de la ciencia moral y la jurídica que el inocente no debe sufrir pena y que la privación de la vida en forma violenta y provocada es una pena; las excepciones en el derecho penal son para morigerar la Ley y no para endurecer sus efectos. Por último cabe a la filosofía el definir lo que es un hombre, y allá iremos en su momento.

Frente a esta contundencia, se esgrime una supuesta excepción por vía de la ley positiva, excepción que deroga la biología, la ética, la filosofía, la teología, la lógica jurídica y aún la misma escala legal positiva. Es decir que primariamente se acepta el silogismo -porque no queda otra- y luego se busca una excepción que pasa por establecer un caso en que sea justificable que un inocente sea condenado a morir, fundado en otro valor superior a su vida.

Se llama “Teoría del Contrapeso de los Valores” y encontró años atrás su formulación sistemática en un jesuita católico modernista y en el Metodismo norteamericano; advirtiendo los mencionados que la excepción puede encontrar justificación para el aborto en dos casos:

a) cede el bien individual frente al bien de muchos, y aunque repugna el estado de inocencia, se resuelve en casos de “fuerza mayor” como “el exceso de población” (China - Malthus), “la pureza de la raza” etc.

b) se encuentra un argumento para el mayor valor de una vida frente a otra vida; en general se argumenta que entre la madre y el hijo, entre el adulto y el niño, entre lo desarrollado y lo que está por desarrollarse, no hay igualdad de valor, sino que predomina el primero. El elemento que diferencia es la prioridad en la existencia y el mayor desarrollo. Es decir que establecemos una métrica cuantitativa para el valor de las personas, error común en la ideología biologista de distintos signos. Un fallo del Tribunal de Luneville de 1937, coincidiendo con nuestra Corte actual en la aplicación del aborto eugenésico, entiende excusable el aborto de un feto hebreo.

Por supuesto que todas estas teorías parten de una errónea concepción del hombre desde el punto de vista filosófico, de un idealismo y un existencialismo que niega las esencias y por tanto no repara en la igualdad esencial de madre e hijo y toma su prioridad existencial como valor de medida. Perdido igualmente el razonamiento de la dependencia de la criatura con respecto a un Creador (razonamiento todavía filosófico y no religioso) perdemos a la par la clara idea de la independencia esencial de una criatura con respecto a otra y establecemos una dependencia solamente humana que deriva en el abuso.

Se entiende ahora aquello de que sólo perteneciendo a Dios es imposible ser esclavizado. Si mi“título” axiológico no es la Idea Divina, quedo a merced de los hombres. En el fondo y sin saberlo conscientemente -pero resultando bastante congruente con la dinámica llevada en el caso- los argumentos pro-aborto fueron levantados en los senderos de las llamadas ideologías materialistas totalitarias, que subyacen latentes en el tolerante hombre moderno esperando el “día de furia” que vendrá por la insatisfacción de los deseos ampliamente prometidos en la publicidad.

No vayan a creer ni por un minuto que la discusión adquiere hoy este mínimo nivel (ni siquiera alguna profundidad existencial que muestra nuestro epígrafe, que no es precisamente de un Padre de la Iglesia). Aquí las consideraciones pro abortistas no pasan del derecho positivo engañosamente interpretado al crepitar de la vanidad, del efecto publicitario, del miedo, del resentimiento moral y religioso, de la ambición y de la soberbia.

Salvo excepciones, cuando se retoma el sentido común del silogismo antes enunciado, y la hombría de bien, el asunto mantiene la llaneza de la consabida ignorancia filosófica e indigencia de formación humanista de los magistrados.

En general la doctrina prevalente para justificar el aborto choca contra los datos más seguros de la ciencia biológica, de la ciencia médica, del ordenamiento jurídico, de la lógica, de la ética y de la filosofía (ni hablar de la Teología). La muerte del inocente está ordenada desde el punto más ilícito y grosero de todos, desde el preferir una vida no porque es más que la otra (criterio de valor) sino simplemente por una razón de bienestar, de salud y aún peor… por la simple voluntad de la mujer. Con lo que llegamos a la “raíz filosófica”del drama: el feminismo, lugar común de la banalización de la inteligencia.

Es en el altar de esta cortedad intelectual que se inmolan inocentes; altar ante el cual queman incienso la mayoría de miembros de la intelligentzia oficial, y hasta resignan su posición -respetuosos y sibilinos- ciertos mitrados.

Este tema de conversación de comadres en la peluquería, entra a la historia provincial de la mano del sacrificio humano logrado en su nombre.

El feminismo es por fin algo serio porque puede matar.

Tomado de: http://argentinidad.org/

sábado, 9 de marzo de 2013

POESÍA: No te rindas...


No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

viernes, 8 de marzo de 2013

POESÍA: Rima XCIV...



Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños de su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo, al que os dio fortaleza en los combates
rogadle por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del Ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquél que vive y reina entre vosotros.

Gustavo Adolfo Bécquer

EL CABALLO CON ALAS: Por Leonardo Castellani.

Es —al parecer— una recreación o versión libre de un texto de Hilaire Belloc: "On a Winged Horse and the Exile who Rode him".

La primera guerra extranjera que tuvo la Argentina fue una derrota —aunque los vivachos argentinos la han convertido en una "victoria contra la tiranía"; todos los días lo dicen por radio, y yo vivo en la calle que conmemora esa derrota-victoria (¡como para olvidarla!)—; la segunda guerra extranjera que tuvo fue una iniquidad y una estupidez. Después no tuvo más guerras extranjeras, por suerte. No cuento la "victoria paralítica" de Ituzaingó, porque aquélla no fue guerra.

Este país, que no ha dado nada hermoso al mundo, que está ahora ulcerado de ignominias, que traga ignominia y vergüenza como si fuera agua, que no reacciona por ganar dinerillos —que después se los quitan— al proceso de cretinización a que está sometida, me duele. Yo no tengo más remedio que haber nacido aquí y salir no puedo, sin contar que he hecho un voto a Dios de no salir; y la necesidad, la charlatanería y la sordidez son como un baño de ácido sulfúrico en mi piel.

Así que no tengo más remedio que aislarme. Yo no sé cuánto voy a vivir todavía, pero el médico dice "mucho"; según él, tengo malos nervios pero buenas arterias; de modo que mi vida va a ser mala pero larga. La peor enfermedad que existe es la vejez; pero es una enfermedad que todos desean.

Lo único que me sostiene es un encuentro que tuve en el año..., bueno, hace muchos años; si fijo fecha van a pretender que miento.

Estaba junto a una laguna en el sur de Buenos Aires. En las costas del Salado: una laguna cubierta de juncos y yuyales, que no sirve para pescar aunque hay muchos sábalos; que no sirve para cazar aunque hay patos; no sirve para navegar; y no sirve para plantar arroz.

Ni para verla sirve.

A mi lado estaba suelto mi caballo Monstruo. Relinchó.

Había al lado otro caballo blanco que un hombre vestido de tela sucia, botas finas y sombrero negro traía de la rienda.

Era un caballo como en mi vida he visto: parecía tener la fuerza de un frisón con la esbeltez de un árabe; tenía la crin casi hasta los cascos, los ojos enormes parecían un poco maliciosos; un gesto como de un hombre que ha visto cuanto hay que ver en el mundo y no se la pega nadie. Le hablé al animal, sin darme cuenta de lo que hacía.

—¡Oh flete! —le dije— aquí no hay nada, ¿qué andás buscando?

El flete hizo una sonrisa con el belfo. El hombre dijo:

—Entiende pero no habla. Hablo yo por él.

Era un petisón medio viejón, barba gris; me pareció haberlo visto en algún lado y más de una vez, pero más joven. Le dije:

—Discúlpeme si le hablo sin que nos hayan presentado, pero estamos en el mediolcampo; ¿usté no es por casualidad el que arregla los teléfonos en Buenos Aires?

Se rió y dijo:

—Otras cosas hay que arreglar primero.
—¿Y usté las va a arreglar?
—Mi caballo —dijo él—. Mi caballo vuela. Si acaso, las va a arreglar él. No sé si podrá.

Los criollos son medio bromistas y hay algunos locos.

—Me voy a presentar: yo soy escritor o algo así, y me llamo Pablo Venancio Borges.

El viejo rió en su barba:

—Yo acabo de decir una mentira, ahí en el boliche del Turco me preguntaron mi nombre y dije el primero que me vino. Pero esto que le dije de mi caballo no es mentira del todo, ¿eh, Rohanel?

El caballo estaba plantado con las delanteras abiertas, oliendo el aire; el mío pastaba.

—Aquí —continuó el viejo— al otro lao, sobre esa lomita del ombú, fue la batalla del Cainil contra los indios: Rosas los arrojó a la laguna, simplemente. Aquí me cortaron la quijada de un lanzazo, por eso llevo barba. También estuve con San Martín...

—¿Y con Juan de Garay? —le pregunté.

—Llegué tarde. Ya se habían repartido todos los terrenos —respondió muy serio.

—¿No se llamará usted Rodrigo de Triana, por un acaso? ¿Con Colón no anduvo?

—Aquellos españoles —continuó él— eran bravos y bastante rudos; pero no era mala gente. Lástima los echaron demasiado pronto.

—Y fue San Martín el que los echó —le retruqué.

—No crea, amigo. Mucho antes comenzó la cosa. Cuándo, no se lo podré decir. Pero ahora ya eso es agua pasada, como la famosa "Reconquista" contra los moros, que fue cosa grande. Yo conocí al Cid Campeador. También a San Fernando Rey, que era así como yo más o menos de alzada y bastante feo el pobre.

—¿Usted trabaja aquí, en el Reposo?

—Trabajé —dijo—. Tuve que salir a causa de la malevosía de un comisario. Anduve con los indios un tiempo.

—¿Y ahora?

—No tengo ni una tapera —dijo—. No trabajo más. Enseño a la gente a vivir bien. Y gano carreras.

—¿Enseña a la gente a vivir sin trabajar?

—Vendo cantares —rezongó—. El oficio más excelente que hay en el mundo es hacer cantares; y el segundo, es cantarlos, con tal que sean buenos. Y además, doy buen ejemplo. Jesucristo no hizo otra cosa.

Sin darme cuenta me había puesto a discutir con un loco, que era gracioso. Entonces sonó un tiro de escopeta y un verdadero nubarrón de patos se alzó sobre el lugar y la laguna se pobló de gritos. Solamente entonces me percaté del extremo silencio que nos había rodeado. Miré mi matungo, que ni siquiera había oído el tiro; el otro caballo había desaparecido.

—Dígame un cantar —le dije al hombre.

—Desde la madrugada ando haciendo uno; y todavía no tengo más que cinco versos...

—¡Uno antiguo!

—Aquí va:

"Almita, blanducha, loquincha
traslúcida, trépida, cálida
socia y sostén del cuerpo
¿adónde irás hora luego?
Desnudilla, tímida y pálida
terminóse ya tu juego".

—Éste lo hizo Martín Fierro —concluyó.

—No sea loco —le dije—. Eso lo hizo el emperador Adriano Elio cuando estaba por morir:

"Animula, vagula, blandula
hospes comesque corporis
¿quae nunc abilis in loca?
Pallídula, rígida, núdula ...
Nec ut soles dabis jocos".

Dicen que el último verso es flojo. Ninguno hasta hoy ha podido traducirlo bien; y los ingleses han hecho más de cien traducciones al inglés. Conozco uno de memoria, de Lord Byron nada menos:

"Ah! gentle fleeting wavering sprite
Friend and associate of this clay
To what unknown region borne
Will thou now wing thy distant flight?
No more, with wonted humour gay
But pallid, cheerless and forlorn... ".

—Eso lo hizo Adriano, español del Sur nacido en Itálica, o sea en Sevilla, el mayor emperador romano.

—Y bueno —dijo él—. Será.

—El mayor en cierto sentido. Tuvo los tres vicios paganos: fue orgulloso, cruel y libertino.

—Y bueno —dijo él.

—¿Me va'a decir que usted también anduvo con Elio Adriano?

—Mi caballo —dijo él, indicando a la derecha con la barbilla.

—¿Dónde anda, a esta hora?

—Ya volverá —dijo—. Vuelve solo. Bueno: el verso que andaba hoy haciendo dice así:

Salve, país del Plata y de la plata
Vanilocuo bastardo y botarate
Donde la carne y la gloria es barata
Mitre es un héroe, Mármol es un vate.
Salve, país donde la gloria en lata...

—Ese verso es flojo —le dije.

—Justamente —ripostó— por eso no pude seguir. ¿Qué consonante hay de plata?

—¡Mata! —le dije.

—Muy bien. ¿Mata verbo o mata sustancia?

—Los dos si a mano viene.

—Pero éste es mejor dejarlo para el final. Pienso decir al final que el ombú no es un árbol, es una mata; pero se cree árbol. Es el símbolo nacional de la Argentina. Es un yuyo megalómano —y miró al ombú de la lejanía—. Se cree árbol y es mata.

—Sabe mucho usted para ser tropero. Se ve que ha hecho de todo, hasta de mestrescuela, como todos nosotros. Pero ese cantar que está haciendo es contra la patria.

—¿Y de áhi? ¿Qué estaba haciendo usted, sentao en ese tronco cuando yo llegué? ¿No estaba maldiciendo la patria?

Me espantó, porque realmente no sé cómo lo pudo saber. El caballo estaba otra vez a su lado, y me miraba; y realmente tenía los ojos con malicia, un poco tristones.

—Yo maldigo lo que Ellos llaman "patria" —objeté— que está plagada de ignominia. Fíjese, me acaban de echar de mi cátedra y otro empleíto que tenía, y que cumplía. ¿No es una ignominia? Siete veces ya me han echado, que ellos llaman exonerado, y el primero que me echó fue el arzobispo de Buenos Aires; y eso, por un antojo.

—Bah —dijo él—, ésa no es una ignominia mayor. Más me han echao a mí; y del mundo me echarían si pudieran. Me han corrido de todas partes, de la Escuela, del Trabajo y de la Iglesia, como dijo el emperador ese que su merced antes mentó. Pero yo corro más que ellos. Gano todas las carreras. Diga que no juego por plata.

—¿Y usted cree que esto puede tener arreglo?

—Há'i tener —dijo con los ojos bajos, rayando el suelo con una bota— há'i tener. Tiene que ver usté qué buena es la gente de aquí en el fondo, cuando a uno lo entienden un poco. Malos deveras no debe haber más que uno cada cinco o cada diez. Pero bueno del todo, la broma es que no hay ninguno.

Yo recorro todo el país, al tranco nomás, sin apuro, con este caballo; que cuando él quiere y yo no quiero, vuela. En donde quiera encuentro alguno que quiera vivir bien, le enseño a bien vivir, a veces solamente haciéndole que sí con la cabeza.

Ése há'i ser el remedio. Cuando haya muchos que quieran vivir bien; claro que algunos van a tener que morir ...

—A mí me han muerto —musité—. Yo me doy por muerto.

—Mejor —dijo él—. Así le voy a poder prestar el caballo; que lo que es el suyo, no sirve. De no estar usted desesperao, no se habría sentao aquí; y de no sentarse aquí, no se hubiera encontrao conmigo.

El poderoso silencio nos había envuelto de nuevo: ni soplo de viento, ni una hoja. El tiempo estaba tapado de espesos nubarrones. El animal blanco olía soplando la tormenta. Yo no sabía qué decir. El viejo loco se me imponía.

—Pero ¿por qué? —balbucí—. Pero ¿cómo? ¿Y entonces?

Me había puesto en turbación como un fantasma, si era real o irreal el viejo, no lo sé, pero si no era real, yo estaba más loco que él; porque patentemente lo veía a la luz espesa de la tarde fulva leonada.

—Estos tiempos son demasiado para mí —concluí—, ¿por qué tuve que nacer en este tiempo?

Y lo miré; el viejo estaba montado en pelo y yo no lo había visto montar. Las riendas arrastraban por el suelo y él estaba agarrado a la larga cuna; la cual partida pareja en dos parecía en crenchas plumosas mismamente como dos alas. El viejo tardó en contestar:

—Yo estuve —dijo— con Policarpo obispo de Esmirna, que fue un escritor mediocre como vos... bien sabés, que ahora le dicen San Policarpo cada 26 de enero, porque hizo un milagro o dos después de morir, que en realidad lo mataron, pero mucho pior que a vos.

Cuando el obispo andaba por la calle, porque caballo no tenía y auto mucho menos, y veía venir un grupo de gente, y nianquesea un solo gente, salía disparando a los gritos diciendo: "¿Dios mío, en qué tiempo me has hecho nacer?". Y era obispo.

Yo no digo que no sean malos estos tiempos, pero todos los tiempos han sido malos; y si éstos son los piores, se aplica el refrán que dice: por lo más oscuro amanece; porque todos los tiempos están a igual distancia de Dios. Porque tenés que ganarte la vida haciendo copias a máquina con un solo dedo, ya te das por muerto y condenado, y porque no te dejan acabar un libro y otro libro que publicaste nadie le hizo caso, como si el mundo pudiera salvarse con libros, que ya hay demasiao dellos.

¿Y Jesucristo qué hizo? Mesas y arados y después cantares a su manera, a la manera de aquel tiempo. En este tiempo hay máquinas de hacer versos, dicen, así que Jesucristo se ahorra el trabajo; yo los hago a mano. Pero quería decirte esto: a vos en la escuela te enseñaron una punta de macanas acerca deste país, las creíste —y a mí me pasó lo mesmo— y al llegar a la madurez se te vino abajo el techo y hasta las paredes; así que ahora te das el lujo de hacerte el desesperao y el crucificao. No es para tanto.

—Me vas a decir seguro que el hombre puede vivir sin patria ...

—Patria provisoria tenemos ya basta los hombres solos. Solos hay que andar en este tiempo si uno quiere andar mejor. Cuesta al principio, pero se puede. Las langostas andan en mangas; pero el pájaro cantor, solo.

No has conocido tu vocación, querías sacar premios literarios y andar con el gaterío. Ahora ya sabés; y nunca es tarde. ¡Sé más feliz que yo! —y alzó la voz hasta un grito en el gran silencio.

Sin talonear, el caballo dio un brinco hacia la laguna. Di un grito, pero el caballo no se hundía.

Que me caiga muerto aquí mismo si miento, pero mismamente parecía que volaba. Se perdieron atrás del ombú, y yo mirando a ver si salían, en el cielo por un abra (o clarazón que le dicen) vi el lucero de la tarde.

Cuando les conté todo esto con precaución a dos vecinos, no tuve mayor éxito. Tengo que andar solo, porque la mayoría no creen; y los que creen, a lo mejor creen demasiado.

Relato incluido en "Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas".

POESÍA: Belleza, fealdad y poesía..


El ver lo que está feo lo padezco 
de nacimiento, y eso no se quita. 
Y así como lo hermoso me enajena
confieso que lo necio me asesina. 

Es el don doloroso del poeta 
su doble percepción y doble vista. 
El que ve la belleza ve lo feo 
y es triste. Mas, cantado, es poesía.

R. P. Leonardo Castellani.

El EXTREMO LLAMAMIENTO: Por Sandro Magister.

Las reacciones de los tradicionalistas ante la renuncia de Benedicto XVI. Legítima pero inoportuna, según Roberto de Mattei. Imposible filosóficamente y teológicamente, según Enrico Maria Radaelli.

ROMA, 20 de febrero de 2013 – ¿Cómo han reaccionado ante la dimisión de Benedicto XVI los más decididos defensores de la tradición católica?

El historiador de la Iglesia Roberto de Mattei ha comentado la decisión del Papa Joseph Ratzinger con una nota en la página web "Corrispondenza Romana", por él dirigida: Considerazioni sull'atto di rinuncia di Benedetto XVI.

De Mattei no contesta la legitimidad de la renuncia de Benedicto XVI al pontificado.

Reconoce que "está contemplada por el derecho canónico y se ha verificado históricamente en los siglos".

Pero, como el mismo de Mattei lo reconoce más abajo, jamás por los motivos alegados por Ratzinger.

Y también está fundada teológicamente, porque pone término no a la potestad de orden conferida al sacramento, que es indeleble, sino sólo a la potestad de jurisdicción.

Desde el punto de vista histórico, sin embargo, de Mattei sostiene que la renuncia de Papa Joseph Ratzinger "está en absoluta discontinuidad con la tradición y la praxis de la Iglesia": "No se puede comparar ni con Celestino V, que dimitió tras haber sido arrancado a la fuerza de su celda eremítica, ni con Gregorio XII, al que se obligó a su vez a renunciar para resolver la gravísima cuestión del Gran Cisma de Occidente. Se trataba de casos excepcionales. Pero, ¿cuál es la excepción en el gesto de Benedicto XVI? La razón oficial, esculpida en sus palabras del 11 de febrero, expresa, más que la excepción, la normalidad".

Es la "normalidad" que coincidiría sencillamente con "el vigor tanto del cuerpo como del espíritu".

A nuestro humilde entender, esto es no confiar en la Providencia Divina: "Mi Gracia te basta".

Pero entonces "debemos preguntarnos": "En dos mil años de historia, ¿cuántos son los papas que han reinado con buena salud y no han advertido el declinar de sus fuerzas y no han sufrido a causa de enfermedades y pruebas morales de todo tipo? El bienestar físico no ha sido nunca un criterio de gobierno de la Iglesia. ¿Lo será a partir de Benedicto XVI?".

Si así será – escribe de Mattei – el gesto de Benedicto XVI asume unas consecuencias "ya no sencillamente innovadoras, sino revolucionarias": Esto lo han dicho claramente muchos "Cardenales" y "teólogos" que aplauden la decisión, como por ejemplo, Hans Küng.

"La imagen de la institución pontificia, a los ojos de la opinión pública mundial, estaría en efecto despojada de su sacralidad para ser entregada a los criterios de juicio de la modernidad".

Y se alcanzaría así el objetivo reivindicado en varias ocasiones por Hans Küng y otros teólogos progresistas: el de reducir el Papa "a presidente de un consejo de administración, a un papel puramente arbitral, flanqueado por un sínodo permanente de obispos, con poderes deliberativos".

Mucho más radicales son las conclusiones a las que llega el filósofo y teólogo Enrico Maria Radaelli.

Éste ha argumentado sus críticas al gesto de Benedicto XVI en una nota de 13 páginas publicada en su página web: Aurea Domus.

El título de la nota no deja lugar a dudas: "Porqué el Papa Ratzinger-Benedicto XVI debería retirar su dimisión. No es aún el tiempo de un nuevo Papa porque sería el de un anti-Papa".

Radaelli se inspira en las palabras de Jesús resucitado al apóstol Pedro, en el capítulo 21 del evangelio de Juan. De aquí deduce que "la cruz es el estatus de todo cristiano" y, por tanto, "rebelarse al propio estatus, rechazar una gracia recibida, sería para un cristiano una culpa grave contra la virtud de la esperanza, contra la gracia y contra el valor sobrenatural de la aceptación de la propia condición humana, tanto más grave si la condición recubre funciones 'in sacris', como es la condición, entre todas la más eminente, de Papa".

Como el Pedro del "quo vadis?" que huyendo de Roma se encuentra con Jesús que va a morir en su lugar, así "sucede cuando un Papa (pero también el último de los fieles) huye del lugar donde lo ha empujado Cristo a luchar, a sufrir, quizás a morir: sucede que Cristo va a luchar, a sufrir, tal vez también a morir, en su lugar".

Es verdad – reconoce Radaelli – que el canon 333 del código de derecho canónico establece que un Papa tiene el poder de dimitir, "pero yo digo que tal poder no lo tiene ni siquiera el Papa, porque sería el ejercicio de un poder absoluto que contrasta con el ser precisamente de sí mismo". Y "es imposible incluso para Dios" no ser lo que se es.

La dimisión de un Papa – prosigue –, aunque permitida legalmente, "no está permitida metafísica y místicamente, porque en la metafísica está unida al nudo del ser, que no permite que una cosa contemporáneamente sea y no sea, y en la mística está unida al nudo del Cuerpo místico que es la Iglesia, para el cual la vicariedad asumida [por el sucesor de Pedro] con el juramento de la elección pone el ser del elegido en un plano ontológico sustancialmente distinto del dejado: en el plano más alto metafísica y espiritualmente de Vicario de Cristo".

Y más: "No considerar estos hechos es, en mi opinión, un golpe mortal al dogma. Dimitir es perder el nombre universal de Pedro y retroceder al ser privado de Simón, pero esto no puede ocurrir, porque el nombre de Pedro, de Cephas, de Roca, es dado en un plano divino a un hombre que, recibiéndolo, ya no hace sólo a sí mismo, sino que 'hace Iglesia'. Sin contar que al no poder en realidad dimitir el Papa que ha dimitido, el Papa que le reemplaza, a pesar suyo, sólo podrá ser un anti-Papa. Y quien reinará será él, el anti-Papa, no el verdadero Papa".

Concluye Radaelli: "La consideración final es, por tanto, la siguiente: el Papa Joseph Ratzinger-Benedicto XVI no debería dimitir, sino que debería desistir de su suprema decisión reconociendo el carácter metafísica y místicamente inactuable y, por consiguiente, también legalmente inconsistente. De este modo, no es la dimisión, sino la retirada de la misma la que se convierte en un acto de sobrenatural valentía, y sólo Dios sabe lo necesitada que está la Iglesia de un Papa sobrenaturalmente, y no humanamente, valiente. Un Papa al cual aclamen no los 'liberales' de toda la tierra, sino los ángeles de todos los cielos. Otro Papa mártir, joven león del Señor, lleva más almas al cielo que cien Papas dimisionarios".

Roberto de Mattei ha publicado en 2011 una historia del Concilio Vaticano II alternativa a la muy difundida de la progresista "escuela de Bolonia": Un Concilio también puede cometer errores.

Mientras el último libro de Enrico Maria Radaelli, muy reciente, lleva por título "Il domani - terribile o radioso? - del dogma": La imposible "hoja de ruta" de la paz con los lefebvrianos.

Ambos atribuyen la crisis hodierna de la Iglesia no sólo a las malas interpretaciones y aplicaciones del Vaticano II, sino a errores del Concilio mismo.

sábado, 9 de febrero de 2013

LA IMPOSIBLE "HOJA DE RUTA" DE LA PAZ CON LA FSSPX: Por Sandro Magister.


En un nuevo libro dado a la imprenta en estos días, el profesor Enrico Maria Radaelli – filósofo, teólogo y discípulo predilecto de uno de los más grandes pensadores católicos tradicionalistas del siglo XX, el suizo Romano Amerio (1905-1997) – cita tres pasajes de los diarios inéditos de don Divo Barsotti (1914-2006).

En ellos, este genial y estimado místico y maestro espiritual – llamado en 1971 para predicar los ejercicios de Cuaresma al Papa y a la curia romana – expresaba duras críticas al Concilio Vaticano II.

Escribía don Barsotti:

"Estoy perplejo en lo que concierne al Concilio: la plétora de documentos, su longitud, a menudo su lenguaje, me dan miedo. Son documentos que dan testimonio de una seguridad totalmente humana, más que de una firmeza simple de fe. Pero, sobre todo, me indigna el comportamiento de los teólogos".

"El Concilio y el ejercicio supremo del magisterio está justificado sólo por una suprema necesidad. La sorprendente gravedad de la situación actual de la Iglesia, ¿no podría derivar, precisamente, de la inconstancia por haber querido provocar y tentar al Señor? ¿No se ha querido, tal vez, obligar a Dios a hablar cuando no existía esta suprema necesidad? ¿Acaso esto es así? Para justificar un Concilio que ha pretendido renovar todo, era necesario afirmar que todo iba mal, lo que hacen de continuo, si no el episcopado, sí los teólogos".

"Nada me parece más grave contra la santidad de Dios que la presunción de los clérigos que, con un orgullo que sólo puede ser diabólico, creen poder manipular la verdad y pretenden renovar la Iglesia y salvar el mundo sin renovarse a sí mismos. En toda la historia de la Iglesia no hay nada que sea comparable con el último Concilio, pues el episcopado católico creyó poder renovar todo obedeciendo únicamente al proprio orgullo, sin compromiso de santidad, en una oposición tan abierta a la ley del evangelio que nos impone creer cómo la humanidad de Cristo ha sido instrumento de la omnipotencia del amor que salva, en su muerte".

Lo que impresiona de estas palabras de don Barsotti son dos elementos.

Ante todo, dichas críticas provienen de una persona con una profunda visión teologal y con fama de santidad, muy obediente a la Iglesia.

Y en segundo lugar, las críticas no se dirigen contra las desviaciones del postconcilio, sino contra el Concilio en sí.

Son las mismas dos impresiones que se obtienen de la lectura del nuevo libro de Radaelli [...].

Según Radaelli, la crisis actual de la Iglesia no está causada por una errada aplicación del Concilio, sino por un pecado de origen cometido por el mismo Concilio.

Dicho pecado de origen sería el abandono del lenguaje dogmático – proprio de todos los concilios precedentes, con la afirmación de la verdad y la condena de los errores – y su sustitución con un lenguaje "pastoral" vago y nuevo.

Hay que decir – y Radaelli lo hace notar – que también entre los estudiosos de orientación progresista se reconoce en el lenguaje pastoral una novedad decisiva y significativa del último Concilio. Es cuanto ha sostenido recientemente, por ejemplo, el jesuita John O'Malley en su afortunado ensayo "Che cosa è successo nel Vaticano II".

Pero, mientras para O'Malley y los progresistas el nuevo lenguaje adoptado por el Concilio es juzgado de manera totalmente positiva, para Radaelli, Roberto de Mattei y otros exponentes del pensamiento tradicionalista – como antes para Romano Amerio – el lenguaje pastoral está estigmatizado como la raíz de todos los males.

En efecto, el Concilio habría pretendido – abusivamente – que la obediencia debida a la enseñanza dogmática de la Iglesia valiera también para el lenguaje pastoral, elevando así afirmaciones y argumentaciones sin una base dogmática real a indiscutible "superdogma", sobre las cuales en cambio sería legítimo y obligado avanzar críticas y reservas.

Por estos dos lenguajes contrapuestos, el dogmático y el pastoral, Radaelli ve originarse y separarse "casi dos Iglesias".

En la primera, la de los tradicionalistas más coherentes, él incluye también a los lefebvrianos, plenamente "católicos por doctrina y por rito" y "obedientes al dogma", si bien desobedientes al Papa, por lo que han sido excomulgados durante 25 años. Es la Iglesia que, precisamente por su fidelidad al dogma, "rechaza el Vaticano II como asamblea que rompe totalmente con la Tradición".

A la segunda Iglesia él le asigna todos el resto, es decir, la casi totalidad de los obispos, sacerdotes y fieles, incluido el Papa actual. Es la Iglesia que ha renunciado al lenguaje dogmático y "es hija en todo del Vaticano II, proclamándolo [...] en total continuidad con la Iglesia preconciliar, si bien en el ámbito de un cierto tipo de reforma".

¿Cómo ve Radaelli la sanación de esta contraposición? A su juicio "no es el modelo de Iglesia obediente al dogma la que debe volver a someterse al Papa", sino que "es más bien el modelo obediente al Papa el que debe volver a someterse al dogma".

En otras palabras:

"No es Ecône la que debe someterse a Roma, sino que Roma debe someterse al Cielo: toda dificultad entre Ecône y Roma se resolverá sólo tras la vuelta de la Iglesia al lenguaje dogmático que le es propio".

Para alcanzar esta meta, Radaelli presupone dos cosas: 

- que Roma garantice a los lefebvrianos el derecho de celebrar la misa y los sacramentos únicamente en el rito de San Pío V;

- y que la obediencia requerida al Vaticano II sea reconducida, en los límites de su lenguaje "falso-pastoral" y, por tanto, pasible de críticas y reservas

Pero antes de alcanzarla, – añade Radaelli – deberán cumplirse también otras dos peticiones:

- la primera, avanzada en diciembre de 2011 por el obispo de Astana en Kazajistán, Athanasius Schneider, es la publicación por parte del Papa de una especie de nuevo "Sillabo", que golpee con anatemas todos "los errores hodiernos";

- la segunda, ya propuesta por el teólogo Brunero Gherardini al supremo magisterio de la Iglesia, es una "revisión de los documentos conciliares y magisteriales del último medio siglo", que debería hacerse "a la luz de la Tradición".

Planteadas así las cosas, hay que pensar, por tanto, que la reconciliación entre [la FSSPX] [...] y la Iglesia de Roma no es fácil ni está cercana, tal como demuestra el impasse de las negociaciones entre ambas partes, que dura ya desde hace muchos meses.

Pero también con los tradicionalistas que han permanecido en comunión con la Iglesia – desde Radaelli a de Mattei y Gherardini – el foso se agranda. Ya no esconden su desilusión por el pontificado de Benedicto XVI, sobre el cual inicialmente habían depositado algunas esperanzas. A su juicio, sólo una vuelta decidida del magisterio del Papa y de los obispos a los pronunciamientos dogmáticos podrá reconducir a la Iglesia por la recta vía, con la consiguiente corrección de todos los errores propagados por el lenguaje pastoral del Concilio.

Errores que Radaelli enumera del modo siguiente en una página de su libro, definiéndolos "verdaderas y propias herejías":

"Eclesiología; colegialidad; fuente única de la Revelación; ecumenismo; sincretismo; irenismo (sobre todo hacia el protestantismo, islamismo y judaísmo); modificación de la 'doctrina de la sustitución' de la Sinagoga por la Iglesia en 'doctrina de las dos salvaciones paralelas'; antropocentrismo; pérdida de los novísimos (y del limbo y el infierno), de la justa teodicea (de aquí, mucho ateísmo como 'huida de un Padre malo'), del sentido del pecado y de la gracia; desdogmatización litúrgica; iconoclasia; subversión de la libertad religiosa; además de la 'dislocación de la divina Monotríada' con lo que la libertad destrona a la verdad".

[...]