"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

viernes, 27 de mayo de 2011

EL DISTRIBUTISMO: La Persona al centro

Desde finales del s XIX y sobre todo a inicios del s XX, se dio en Inglaterra un movimiento económico–político que se auto designó «distributismo». El motor y fundamento principal de este movimiento y de su órgano principal –la «Liga distributista»- fue la pluma y la clarividencia del gran pensador y literato Gilbert Keith Chesterton. Junto a él destacó con similar protagonismo Hilaire Belloc – muy especialmente por su obra «El Estado Servil» -. Su plataforma de lanzamiento fue el periódico GK’s Weekly, del que Chesterton fue editor y director hasta su muerte.

En sus artículos y ensayos proponen unos principios de actuación en materia económica, social y política basados en la doctrina social de la Iglesia (que había recibido un fuerte empuje a partir de la encíclica «Rerum novarum» del Papa León XIII) y en la idea central del pensamiento chestertoniano sobre el hombre: la idea de la dignidad y la redimensión del valor de la persona a partir de la Encarnación. Como he expresado en otra ocasión «Chesterton no reverencia al hombre por un sentimiento de filantropía, sino porque lo reconoce como «signo sacramental del Dios encarnado» (expresión usada por Ian Boyd C.S.B.) De aquí se puede dar un salto, en primer lugar a la familia, pero también a las pequeñas comunidades y a la sociedad entera. Con base en este principio sacramental, defiende al hombre desde todos los puntos y en todos los campos posibles» (G.K. Chesterton y los regalos de Navidad). En el caso del movimiento distibutista, sale a la defensa de un derecho fundamental de la persona: el derecho a la propiedad. La tesis central de sus escritos en torno a este tema se resume en esto: la propiedad debe estar distribuida entre todas las personas. La propiedad que el sistema capitalista pone en manos de la «plutocracia» y que el socialismo pone en manos del «estado», los distributistas defienden que sea puesta en manos de muchos «pequeños» propietarios (cada persona tiene derecho a tener su propiedad. Cada familia debería tener una propiedad privada asegurada y, con ella, la seguridad y posibilidad de procurarse el propio sustento).

A partir de esta idea inicial se van añadiendo distintas aplicaciones prácticas y concreciones que, no obstante, nunca cuajaron en un sistema maduro que saltase al plano político (en forma de grupo o partido…) Pero no ha perdido su fuerza y el valor principal de sus postulados que reside en su visión del hombre, la cual implica una clara supeditación del sistema a la persona.

Para Chesterton, y para todos los distributistas, la persona está en el centro. El hombre no puede ser esclavo del sistema, sino que el sistema debe acomodarse a la necesidad del hombre en cuanto tal; está al servicio del hombre, si no, no es un buen sistema. Por este motivo toda defensa del socialismo o del capitalismo (al menos tal y como se daban en la época de sus escritos) pierde peso y valor, por más que parezcan eficaces o buenos en algún campo o contexto. Expresa así la diferencia entre estos dos sistemas y el distributismo: «(…) un distributismo ideal sólo es improbable; un comunismo ideal sólo es imposible; pero un capitalismo ideal es inconcebible» («The old objections», GK’s Weekly – octubre 1927 -) Cuando el hombre no es libre o cuando su libertad es atacada, hay algo que falla y debe corregirse.

Esta es la principal aportación (entre otras muchas) del planteamiento distributista. No debe considerarse una utopía irrealizable, sino una propuesta inteligente, y una aportación a la reflexión sobre la ética social y económica. Si bien no es posible la realización de un distributismo en estado puro en las circunstancias actuales de la sociedad y la economía mundial – y de esto el mismo Chesterton ya era muy consciente – no debe desdeñarse como utópico o fantasioso. Es un reclamo para un mundo que poco a poco ha ido cayendo en el engaño del «estado de bienestar», que supedita a la persona, poniendo por encima de su propia personalidad el simple «estar bien», «vivir bien» al que no le importa la verdadera libertad del hombre (que llega a abandonar con indiferencia muchos derechos fundamentales con tal de «vivir bien»).

La crisis que atenaza a la sociedad y a la economía mundial, es principalmente una crisis del hombre. Es importante redescubrir el valor fundamental de la persona para construir a partir de ella y a su medida las estructuras sociales convenientes. Por esto es actual y profundo el mensaje distributista: el deseo de Chesterton, a través de estos principios, es despertar la conciencia de tantos hombres que han quedado esclavizados por el mecanismo de sistemas e ideologías cerrados a la libertad y a la realización plena de la persona.

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