Desde finales del s XIX y sobre todo a inicios del s XX, se dio en Inglaterra un movimiento económico–político que se auto designó «distributismo». El motor y fundamento principal de este movimiento y de su órgano principal –la «Liga distributista»- fue la pluma y la clarividencia del gran pensador y literato Gilbert Keith Chesterton. Junto a él destacó con similar protagonismo Hilaire Belloc – muy especialmente por su obra «El Estado Servil» -. Su plataforma de lanzamiento fue el periódico GK’s Weekly, del que Chesterton fue editor y director hasta su muerte.

A partir de esta idea inicial se van añadiendo distintas aplicaciones prácticas y concreciones que, no obstante, nunca cuajaron en un sistema maduro que saltase al plano político (en forma de grupo o partido…) Pero no ha perdido su fuerza y el valor principal de sus postulados que reside en su visión del hombre, la cual implica una clara supeditación del sistema a la persona.
Para Chesterton, y para todos los distributistas, la persona está en el centro. El hombre no puede ser esclavo del sistema, sino que el sistema debe acomodarse a la necesidad del hombre en cuanto tal; está al servicio del hombre, si no, no es un buen sistema. Por este motivo toda defensa del socialismo o del capitalismo (al menos tal y como se daban en la época de sus escritos) pierde peso y valor, por más que parezcan eficaces o buenos en algún campo o contexto. Expresa así la diferencia entre estos dos sistemas y el distributismo: «(…) un distributismo ideal sólo es improbable; un comunismo ideal sólo es imposible; pero un capitalismo ideal es inconcebible» («The old objections», GK’s Weekly – octubre 1927 -) Cuando el hombre no es libre o cuando su libertad es atacada, hay algo que falla y debe corregirse.
Esta es la principal aportación (entre otras muchas) del planteamiento distributista. No debe considerarse una utopía irrealizable, sino una propuesta inteligente, y una aportación a la reflexión sobre la ética social y económica. Si bien no es posible la realización de un distributismo en estado puro en las circunstancias actuales de la sociedad y la economía mundial – y de esto el mismo Chesterton ya era muy consciente – no debe desdeñarse como utópico o fantasioso. Es un reclamo para un mundo que poco a poco ha ido cayendo en el engaño del «estado de bienestar», que supedita a la persona, poniendo por encima de su propia personalidad el simple «estar bien», «vivir bien» al que no le importa la verdadera libertad del hombre (que llega a abandonar con indiferencia muchos derechos fundamentales con tal de «vivir bien»).
La crisis que atenaza a la sociedad y a la economía mundial, es principalmente una crisis del hombre. Es importante redescubrir el valor fundamental de la persona para construir a partir de ella y a su medida las estructuras sociales convenientes. Por esto es actual y profundo el mensaje distributista: el deseo de Chesterton, a través de estos principios, es despertar la conciencia de tantos hombres que han quedado esclavizados por el mecanismo de sistemas e ideologías cerrados a la libertad y a la realización plena de la persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario