"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

lunes, 23 de mayo de 2011

"LA BALSA DE LA MEDUSA". EL ARTE COMO DOCUMENTO HISTÓRICO: Por Lila Magallón.

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“La balsa de la Medusa” (“Le Radeau de la Meduse” en francés) es una pintura al óleo del pintor francés Théodore Géricault que representa un terrible momento de las consecuencias del naufragio de la fragata de la marina francesa “Méduse”, encallada frente a las costas de Mauritania -en el noroeste de África- el cinco de julio de 1816. Había sido restaurada –recientemente- la monarquía francesa después de la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte.

La fragata encalló en un banco de arena y, debido a la insuficiencia de botes salvavidas, ciento cuarenta y siete personas –de los cuatrocientos pasajeros- quedaron a la deriva en una balsa construida con partes de la fragata encallada. Todas ellas, excepto quince, murieron durante los siguientes trece días que tardaron en ser encontrados. Los quince náufragos experimentaron -en carne propia- el hambre, la deshidratación y la angustia que se transformó, tortuosamente, en delirio y canibalismo. Escribió el crítico Jonathan Miles: “… la balsa arrastró a los supervivientes hacia las fronteras de la experiencia humana. Desquiciados, sedientos y hambrientos, asesinaron a los amotinados, comieron de sus compañeros muertos y mataron a los más débiles”.

La catástrofe fue un escándalo internacional. Su causa fue atribuida a la incompetencia del Vizconde Hugues Duray De Chaumereys quien, pese a no haber capitaneado un navío en más de veinte años y carecer totalmente de experiencia y habilidad, fue designado capitán de la “Méduse” como resultado de un acto de favoritismo político.

¿Pudieran considerarse al capitán y a quienes lo instalaron en este cargo los autores intelectuales del homicidio de ciento treinta y dos personas? ¿Acaso es ese el mensaje que Géricault se propuso trasmitir con esta obra maestra?

Conmovido e impresionado por la terrible tragedia, cuya causa comenzó a filtrarse con celeridad en la opinión pública, Géricault decide documentar la verdad a través de los sobrevivientes, se entrevista con dos de ellos y estudia el turbio escenario en el cual se eligió al inepto capitán. El pintor, de apenas veintisiete años, inmortaliza la tragedia y crea uno de los más conocidos y dramáticos cuadros históricos de la llamada escuela Romántica Francesa.

“La balsa de la Medusa” trasciende las fronteras del arte y se convierte en un documento histórico visual que reclama la responsabilidad de los gobernantes con respecto a la designación de cargos de consideración.

Théodore Géricault nos revela en una sola escena las desastrosas consecuencias de la falta de integridad en el ejercicio de la autoridad política. Siendo uno de los tesoros del Louvre, “La Balsa del Medusa”, con sus casi cinco por siete metros, es un llamado de atención, un testigo permanente que pende inamovible como una gigante cicatriz de negligencia e ineptitud.

El capitán salvo su vida en una de los cuatro botes de emergencia con los que contaba la embarcación…

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