"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

domingo, 26 de junio de 2011

MANIFIESTO CONTRA EL INTERÉS DEL DINERO.

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La única posible y definitiva liberación del trabajo productor de las potencias del dinero que dominan en orbe es: el quebrantamiento de la servidumbre al interés del dinero. Es el único remedio, el remedio radical para la curación de la humanidad sufriente. El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero significa la restauración de la libre personalidad, de la salvación del hombre de la esclavización y la liberación de la “fascinación mágica” en que su alma fue enredada por el materialismo y el consumismo. Quien quiera combatir de verdad los excesos del capitalismo debe quebrar la servidumbre al interés del dinero.

La “santidad del interés” es el paradigma, el tabú; pareciera que el interés es lo más sacrosanto de la postmoderna civilización occidental. Sacudir el interés no lo ha osado nunca nadie. Nadie lo cuestiona. En estos aciagos días sólo la Iglesia Católica, manteniendo inalterada la Doctrina que, por su Fundador, le fue encomendada, clama, como profeta en el desierto, por la ruina de los pueblos causada por la servidumbre al interés del dinero.

Mientras que el valor de las convicciones religiosas, de la Patria, de la seguridad de la persona y de sus bienes, de la propiedad privada, de la belleza, de la nobleza, de el honor, de los derechos del Estado, de el honor castrense, de la libertad y del respeto al ecosistema está puesto más o menos en duda –o a veces proscritos de las positivas leyes humanas-, el interés es sagrado e intocable. Su peso gigantesco arrastra a la nave estatal al abismo; es un enorme engaño, fraguado pura y exclusivamente en beneficio de los grandes zánganos: las potencias del dinero.

Los grandes poderosos del dinero están, por cierto, como última fuerza impulsora detrás del imperialismo anglo-americano que abarca el mun­do. Las grandes potencias del dinero han financiado efectivamente las horribles matanzas de seres humanos de las Guerras Mundiales.

Las grandes potencias del dinero, ciertamente, como propietarias de todos los grandes mass-media, han envuelto al mundo en una red de mentiras. Han excitado con placer todas las pasiones bajas, el ansia de lujo, el hedonismo, el consumismo, los anhelos absurdos y las utopías. El espíritu del consumismo –que es el materialismo puro que niega cualquier realidad espiritual- sólo quiso conocer cifras de exporta­ción, de riqueza nacional, expansión, proyectos de la gran banca, financia­ción internacional, etcétera, y ha conducido a la ruina de la moral pública, al hundimiento de los círculos dirigentes en el materialismo y el ansia de placer, a un achatamiento de la vida nacional, factores todos que son culpa­bles del terrible derrumbe social. El interés, la afluencia de bienes sin esfuerzo y sin fin, la posesión de dinero sin ninguna clase de trabajo es lo que ha hecho crecer las grandes potencias del dinero. El interés del dinero es el principio criminal del cual se genera el supercapitalismo o neo liberalismo y el Derecho Romano, sobre el que se basan la mayor parte de nuestras legislaciones, ha sido manipulado para proteger el gran capital y la usura; porque es el Derecho al servicio de una plutocracia oligárquica.

El ansia de interés insaciable del gran capital prestamista es la maldición de toda la humanidad trabajadora. Ocho multimillonarios tienen tantos ingresos como 800 mil millones de seres humanos.

Mediante una intensa campaña de esclarecimiento se debe poner en evidencia al pueblo que el dinero no es ni debe ser otra cosa sino un símbolo del trabajo efectuado; que toda economía altamente desarrollada necesita del dinero como medio de intercambio; pero que con todo esto queda cumplida la función del dinero, y que de ninguna manera le puede ser conferido al dinero, mediante el interés, un poder sobrenatural de crecer por si mismo a costa del trabajo productivo. ¡El “valor” del dinero únicamente representa la dignidad del trabajo humano!

¡Desamparados balbucean los pueblos! Un ardiente ansia, un clamor por la salvación pasa a través de las masas engañadas, con sus espe­ranzas frustradas. Con risas y bailes, con música estruendosa, con cinematógrafos y desfiles, con drogas para el cuerpo y para el alma, se trata de engañar al pueblo para que olvide su lamentable destino, la traición, la terrible desilusión, la herida interna.

La socialización, la estatización, ha probado ser un fracaso, el capitalismo salvaje ha demostrado ser un mounstrosa mentira. Y cuando la desesperación de todo el pueblo cunde, las bandas mongólicas, el terror sangriento, las bayo­netas solamente son capaces de proteger a los tiranos de la venganza del pueblo engañado y explotado... también nosotros terminaremos así si continuamos dejando que el gobierno siga en manos de los especuladores internacionales, representantes de una burguesía expoliadora y de los miembros de una raza extraña a la esencia de los pueblos de nuestra gran Patria Hispanoamericana.

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