"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

miércoles, 20 de julio de 2011

¡OH! ¡INCRÉDULOS, CRÉDULOS, CRÉDULOS!: Por Leonardo Castellani.

R.P. Leonardo Castellani.
Antiguamente se creía que un incrédulo era uno que no creía en nada; d’onde salió el chiste que dice: “—¡Yo no creo sino lo que entiendo! —¡Ah!, con razón la gente dice que Vd. no cree en nada!”.

Mas velay que subsiguientes investigaciones han demostrado que los incrédulos creen en muchas cosas; antes bien, son más dados a creer que el resto de los mortales “las cosas aptas para hacer descreer lo que los creyentes creen” —decía mi tío el Cura un poco quevedescamente.

Así, pues, se han dado incrédulos creyentes en la yetta, otros en el espiritismo, otros en el Progreso Indefinido, otros en el número 13, otros en el Dios del Vicario Saboyano, otros en la De­mocracia, otros en el mal de ojo, otros en la Ciencia, otros en los talismanes o mascotas, otros en las adivinas, otros en la Humanidad, en el curundú, en la Civilización, en la Revolución Francesa, en la Santa Rusia. Ingenieros creyó en la Nueva Metafísica que iba a comenzar con él. Augusto Compte creyó en la Religión Humanitaria y en Clotilde de Vaux. Agustín Alvarez creyó en la Moral, Almafuerte en la Santa Chusma, Brunswichg cree en la Idea, Wells cree en Inglaterra, Huxley en la Democracia Pura, Freud creía firmemente en el Dios de Manes, la Venus Ultrix y la nueva Humanidad Nacidera.

Una vez encontré a mi tío leyendo una poesía larguísima en verso en un viejo “Suplemento” de un gran diario argentino.

Mi tío se restregaba las manos y se agitaba en su sillón sin pausa, como en sus momentos de gran inspiración filosófica. Me dijo que había encontrado de golpe el retrato mental del bachiller, del diputado y del incrédulo argentino todo en uno: que dése punto de vista, la tal poesía era una ejecución maravillosa, una obra maestra. El autor se llamaba el diputado nacional Dr. Joa­quín Castellano (hoy finado); era como poeta una especie de Olegario Andrade rebajado, es decir, una caricatura de una cariatura de Víctor Hugo. La poesía se llamaba: “el Viaje Eterno”, es decir, “La Historia Universal en síntesis” y estaba dedicada “A mi amigo querido Doctor J. H. Martínez Castro”. Empezaba de este modo:

"¡Como la fuente de los grandes ríos
la cuna está del pensamiento
en los bosques sombríos!

y concluía desta guisa:

¡Alma del infinito,
desconocido espíritu sin nombre
cuya grandeza por doquier contemplo,
la tierra es tu ara, la creación tu templo,
y el sacerdote de ese templo, el hombre!"

Y entre estas dos profundas aserciones, se extendían 64 párrafos rimados, ni uno más ni uno menos, acabados todos en sendos signos de admiración, y conteniendo exactamente toda la Historia, la Geografía, la Filosofía y la Retórica que da a sus alumnos el Bachillerato argentino, ni un punto más ni un ápice me­nos. Resumen total de nuestro "Bachi", enciclopedia escolar en verso para la enseñanza media, yo no comprendo cómo algún Congreso Pedagógico no lo ha propuesto ya como TEXTO ÚNICO, complexivo, gratuito y obligatorio.

Porque como detrás la Divina Comedia está toda la Italia y el mundo y el Trasmundo del siglo XIII; como en el fondo del Quijote está la España Grande y el Hombre Sempiterno; y en la entraña de Shakespeare toda la Inglaterra Isabelina y el Misterio del Alma; y en Dostoievsky toda la Rusia Epiléptica y el abismo del Dolor ateo...; así aquí desentrañando verso por verso este poema romanticón y fachendoso —como hizo mi tío con sin igual gracia aquella mañana memorable— se puede hacer surgir por ensalmo todo el Universo declamatorio acaramelado y escenográfico de un buen liberal del XIX que es en el fondo el ideal latente de nuestros programas de estudios, o sea en una palabra:

“ese río inmortal de las Ideas
que por el cauce inmenso de la Vida
corre a desembocar al Infinito...”

Mi tío no fue propiamente un hombre alegre; fue un humorista, pero su humor era más bien mordaz; era chispeante, pero sus chistes tenían un resabio acre y concentrado. Su enfermedad y dolores físicos le vedaban la mesura y el paso manso y natural; y por ende había siempre en él algo de “pinzado”, de exagerado y premioso. “Yo estoy siempre borracho —me dijo una vez— o de alegría o de tristeza o de coraje o de ternura: yo no estoy nunca del todo vígil”. Pero aquel día que le oí disecar el cuitado poema del tal Castellano, esa sí que fue curda de alavez regocijo y saña, borrachera mental que duplicaba su ingenio siempre picante.

¡Válgame Dios, y los epigramas que halló el empecatado viejo en cada verso y en cada coma del poema! Yo creo que el rencor, que él guardaba a su primera educación laica se desahogó allí todo, pero dulcificado en cómico perdón, como en las abejas, aguijón y miel. ¡Qué criollas ironías no halló para Don Progreso Indefinido Inevitable, que es el tema del himno, para Don Pensamiento Humano, que es el protagonista del mentado Viaje Eterno que va a parar nada menos que al Infinito, es decir a Ninguna Parte, pues el Infinito si bien se mira es Todo, y marchar hacia Todo es marchar hacia Nada (todo el que marcha, elige) y en fin para el Amor (el amor digamos conyugal), que es la primera etapa de este viaje Eterno. ¿Con quién se imaginan Vds. se encontró el Pensamiento Humano

(“habitador del bosque primitivo”)
apenas dio el pequeño envión que lo convirtió bruscamente...

(“¡Es que ha brotado la primer idea!
¡Es que ha nacido el Pensamiento Humano!”) de mono antropopiteco que era, en hombre hecho y derecho?
“¿Quién lo espera con júbilo sonriente
con guirnaldas de flores en la frente
y caricias de luz en la mirada?
¿Quién? la mujer...".

Mi tío, que era medio bruto para hablar, decía que por lo visto los monos nuestros antepasados eran todos varones.

Pero sin seguir a mi tío y al vate en los 74 versos en que canta esta primera etapa, sin duda importantísima, del descubrimiento del sistema reproductivo, veamos someramente los otros grandes saltos (pues este Pensamiento Humano tiene una manera de caminar a modo de canguro), que constituyen el Viaje Eterno hasta la Etapa que hoy ocupa. Pues señor, primeramente empieza por “ver a Dios en sus obras”, como si dijéra­mos hacer sus rezos de la mañana; pero precavido siempre,

“donde la imagen del Creador se vela...
no en las biblias humanas
sino en tu libro eterno
¡Oh santa y colosal Naturaleza!".

Esta medida de no buscar a Dios en las “Biblias Humanas”, por otra parte escasas entonces por falta de librerías, produce excelentes resultados, entre otros el siguiente:

“Aún las nubes del error no eclipsan
al sol del Pensamiento,
ni absurdos dogmas la razón empañan
como al limpio cristal impuro aliento.
No había aún los falsos sacerdotes
que la conciencia oprimen:
¡que dando formas de virtud al vicio
de Dios invocan el sagrado nombre
y bendicen el crimen!
¡Entonces aún no había
intermediarios entre Dios y el hombre!".

Pero por desgracia, estos fatídicos intermediarios con sus “Biblias Humanas” bajo el brazo no tardan en aparecer como traidor de melodrama después de un resumen de la Historia de la India, de Egipto y de Grecia. Como esas historias son de primer año, en la memoria del poeta están en poco desmejoradas, y eso explica que olvide en la India los Brahmas y en Egipto la Casta Sacerdotal, superior a la de los guerreros. Pero no hay mal que por bien no venga. Con eso la aparición del traidor de melodrama viene después de la muerte de Sócrates, y el autor ahorra numen repitiendo al revés los versos arriba citados (que son de lo mejorcito del poeta es cierto), poniendo un SI donde hay un NO; procedimiento económico que señalamos a nuestros escritores jóvenes:

Es que las nubes del error ya eclipsan... el Sol del Pensamiento, etc. Había ya los falsos sacerdotes… que la conciencia oprimen..., etc. Es que entonces ya había..., intermediarios entre Dios y el hombre...!

Creados así protagonista y antagonista, a saber, Pensamiento humano y Sacerdotes, el poema como una seda se desarrolla en caídas armoniosas; no hay más que descubrir en el texto de Malet y después poner en solfa y en rima rica los avatares de cada uno de los dos. El protagonista Pensamiento, humano siempre más galán y simpático; el antagonista cada vuelta más feo, erre que erre en sus malas intenciones y peores instintos. Véase unos ejemplos:

“¡Ellos, los que al filósofo de Atenas
dieron la copa de cicuta; ellos...
Ellos darán mañana
la Cruz a Cristo y a Juan Hus la hoguera!

II

¡Dos poderes al mundo esclavizaban
dictándole sus leyes
los reyes a los pueblos dominaban
los papas a los pueblos y a los reyes!...
¡Del pueblo se hacen el sangriento azote
cuando instituyen como sacro fuero
la servidumbre física, el guerrero,
la esclavitud moral, el sacerdote!...

III

¡La Iglesia omnipotente
alzaba aquí un cadalso, allí una hoguera...
y castigaba con bárbaro escarmiento
el delito sublime
de pensar en su propio pensamiento! (sic).

IV

¡Por el cáncer del vicio corroída
la Iglesia vacilaba en desconcierto
de Jesús con túnica arropada
era un cadáver fétido cubierto
con un manto de púrpura sagrada!

V

Desmintiendo su voz con sus ejemplos
el clero oraba hipócrita de día
y de noche, a espaldas de los templos (sic)
¡en bacanales lúbricas reía!”

Y así sucesivamente, que dan ganar de citar todo; el Señor Adversario del buen Pensamiento Humano cada vuelta más malo más malo, cada vuelta más sucio más sucio. ¿Pero creen ustedes que se asusta por eso el bravo Pensamiento Humano? No señor, camina sin amainar de Oriente a Occidente, y no parará hasta llegar como Krishnamurti, a la Argentina. (“Es digna de me­ditarse la coincidencia —anota el autor al pie—, de que la civilización, avanzando de Oriente a Occidente, ha seguido una mar­cha paralela a la del sol en su curso diario”).

Primeramente se encarna en “Homero, en Píndaro y Esquilo —y en Platón y Aristóteles razona. — Con el Homero del cincel, con Fidias — el gigantesco Partenón eleva — esa Iliada de mármol...”. El autor escribe I-lia-da sin acento, para que conste el verso.

Después se lonza a otra feliz ribera” (es decir, al otro tomito de Malet), y: “Roma, Tíber, Apenino Vesubio, diosa Pa­las, Aníbal, Numancia, África, Cartago, Hércules y Anteo, Escipión, Marte, Venus, Ceres, Horacio, Virgilio, exámetro, sáfico...” (¿está o no está toda la tercera bolilla, Roma?).

Cuarta bolilla: habla de Jesucristo. Él le perdone. Saltemos esta página —dijo mi tío— es innoble. El autor, “adolescente eterno”, no tiene sombra de idea de las proporciones, ni aún de las conveniencias, y se sube al Gólgota y acomete al agonizante Crucificado ¡con una manguera de jarabe! mucho más repug­nante de tragar que la hiel que le dieron. Sigamos mejor al Pensamiento Humano en sus otras encarnaciones humanas, que no dejan de ser sorprendentes. Helas aquí, brevemente.

1º El grande, el inmortal Savonarola, sacerdote y tribuno-y el noble pensador Giordano Bruno!
2º Lutero, ese Jesús del Occidente!
3º Galileo y Colón con noble audacia...
4º Copérnico adivina el movimiento...
5º Pero Kepler se expande...
6º Pero Descartes penetró en el alma...
7º Halley, ese profeta de la ciencia...
8º Franklin ya tiene en su poder el rayo...
9º Y al valeroso Washington lo entrega!
10º Rousseau los corazones enardece...
11º Diderot argumenta y Volter ríe!

En este momento el Otro, es decir:

“¡el trono envilecido de los Papas
y el trono ensangrentado de los reyes,
Papado Monarquía
nuevas Babeles del orgullo humano!”

viéndose malamente apretado por tantos paladines, hace una salida desesperada. Pero es al ñudo; porque
la Francia en honda convulsión que lanza
“grito de libertad tan alto y fuerte
“que para siempre sonará en la historia...

le para las patas para siempre; y encarnada en un guerrero que no es de aquellos malos de

“la servidumbre física, el guerrero,

sino muy al contrario:

“Polen fecundo en el espacio inmenso!
“Ese fue Bonaparte!”

agarra a pulso al señor Pensamiento Humano y lo transporta en vilo:

“en el espejo colosal del Plata”

¿Qué más queremos los argentinos, siempre golosos de hués­pedes ilustres?
Aquí —decía mi tío el cura— comienza el diputado nacional acabando el bachiller.
Lo que sigue es una proclama electoral, modelo y tipo del género. ¡Vengan después con Fichte y su “Reden an die Deutsche Nation”.Ese les prometió a los alemanes, solamente en virtud de su Raza, es decir, por ser alemanes, el predominio de Europa. Pero nuestro Castellano a los argentinos, solamente en virtud de nuestra Geografía, es decir, por el solo hecho de estar aquí y no en otra parte, nada menos que la encarnación postrera y definitiva de Buda, quiero decir del Pensamiento Humano, en nuestros ilustres colodrillos. Porque en efecto (y lo que sigue no tiene pierde):

“Al pie de estas gigantes cordilleras”…

(sigue un resumen de orografía e hidrografía argentina)

“su trono asienta el Pensamiento Humano
rey del orbe moderno,
y en el vergel del argentino llano
detiene el curso de su Viaje Eterno!
¡Y aquí demorará siglos y siglos,
que al fin encuentra en esta tierra virgen
en donde el sol del porvenir asoma
una patria más bella que la Grecia
más potente que Roma!...” (¿Nada menos?).

—¡Tío, es un imbécil! ¡Por favor, basta, es un imbécil! —le interrumpí en este punto—. No se necesita tanto para demostrarlo, tío.

—Tan imbécil, no —repuso mi tío. ¡Este ha cobrado du­rante seis años 1.500 pesos mensuales por algunas cosas como éstas, y aún no tan innocuas ni tan bien rimadas!

Pero lo que yo quería demostrar no fue que es un imbécil; sino que es un “creyente”. ¿Te das cuenta la cantidad inmensa de cosas que él al cantar y todos los que lo siguieron y nutrieron tuvieron que creer para eso? ¡Qué tiene que ver lo que nosotros creemos con lo que creen estos señores incrédulos! Al fin nosotros no creemos más que cuatro cosas, dos de necesidad de me­dio y dos de necesidad de precepto:

Existe Dios Creador Existe Dios Remunerador Dios es Trino en Uno Dios se hizo Hombre, y a mucho tirar creemos los doce artículos del Credo, en que estos cuatro dogmas eflorecen; pero éstos tienen también su Credo dificilísimo, que un día por embromar me puse a resumir y es más o menos como sigue:

(Mi tío sacó aquí un papel y me leyó: “El Credo del In­crédulo”, que reproduzco tal cual, dejándolo a él del todo responsable).

CREO en la Nada Todoproductora d’onde salió el Cielo y la Tierra.
Y en el Homo Sapiens su único Hijo Rey y Señor,
Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de la Santa Materia
Bregó debajo del negror de la Edad Media.
Fue inquisionado, muerto achicharrado
Cayó en la Miseria,
Inventó la Ciencia
Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia.
Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el libre Pensante
La Civilización de la Máquina
La Confraternidad Humana La Inexistencia del pecado,
El Progreso Inevitable
La Rehabilitación de la Carne
Y la Vida Confortable. Amén.

Leonardo Castellani, “Las ideas de mi tío el Cura”, Ed. Excalibur, Buenos Aires, 1945. Págs. 141-148.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada