"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

jueves, 14 de julio de 2011

POESÍA: Romance del hombre nocturno...


(Aventura del hermano muerto)

Mi yegua subía, lenta
con firmes pasos de bronce.
La noche de crucifijos
fungía sobre los montes.
Andaba el agua desnuda
en claras conversaciones
con los grillos y las piedras
y las buidas canciones.

«es mala noche, amigo,
y en el monte andan ladrones ».
¡Buen viejo! Me lo decía
allá en el campo de trojes
y un sobresalto rondaba
por sus pupilas de azogue.

Pero era buena la sombra, 
madura, de oros y olores.
¿miedo? Mi yegua era firme
y yo llevaba un revolver
en el cinto, y en el pecho,
un ancho corazón de hombre.

Sin embargo, sin embargo,
Mi mano sobresaltóse.
Cuatro jinetes venían,
Pausados, bajando el monte.
Los vi recortarse negros, 
Contra las constelaciones.
Mi bestia irguió las orejas
En agudos aguijones
Y la estría de un lucero
Rieló sobre mi revólver.

¡Quién vaaa!
Los vi detenerse,
Y mi voz multiplicándose,
Rebotando en los picachos
Como en cojín de resortes.
Cruzaba en ese momento
Un paso de angostos bordes:
A la derecha, el abismo,
Tinta o residuo de noche;
Adelante, los jinetes;
A la izquierda-muro- el monte.
Seguí avanzando en la sombra,
Hacia las sombras inmóviles.
Transpuesto el paso difícil, 
me tropecé con sus voces:
-¿ A dónde marcha el amigo?
- Al pueblo de más al norte.
Me esperan mi vieja madre
y mis hermanos menores.
Los dejé un día de marzo;
cinco años van, desde entonces.

Ancha mi voz, y serena;
La suya, opaca, de cobre.
Miré brillar dos pupilas
En un fulgor de emociones.
Acompañaré al amigo
hasta que trasponga el monte.

Cinco jinetes tomaron
rumbo a las constelaciones.
Bajaron cinco jinetes,
con firmes pasos de bronce.
Cuatro pararon de pronto
Y el otro siguió hacia el norte,
Después de estrechar las manos
Tendidas de los cuatro hombres.

Clareó más tarde en el cielo.
Amanecer de limones
Palabras de agua liviana
Pájaros madrugadores.
Cerca, maitenes y boldos:
Lejos, Rancagua y sus torres;
Entre sus casas, mi casa,
Con ciruelos y parrones
¡ y mi madre, con sus ojos
de mares y de horizontes!

Detrás, el recuerdo grande
De un bandido que era un hombre.

Oscar Castro.

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