"No he de callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo." Don Francisco de Quevedo.

BARRA DE BUSQUEDA

miércoles, 10 de octubre de 2012

APUNTES EN EL CUADERNO DE BITÁCORA: Cristóbal Colón, el desconocido. Segunda parte...

Sus inicios.
 
Desde 1472 a 1479 todo parece que viajó a Inglaterra, Islandia, Madeira, las Azores, Cabo Verde, golfo de Guinea y Porto Santo, siendo este último donde se casó con Felipa Moñiz en 1479 (algunos dicen que en 1481), convirtiéndose así en un experimentado navegante. Pero parece que de 1472 a 1476 sirvió como corsario al servicio del conde de Provenza, René d’ Anjou, sufriendo en 1476 una naufragio que casi le cuesta la vida. Esto sucedió cuando viajaba cuidando un convoy mercante que iba de Génova a Flandes y que fue hundido a la altura del cabo San Vicente por una escuadra francesa comandada por el vicealmirante Guillaume de Casanova; el saber bien nadar y posiblemente ayudado por algún remo hizo que pudiera llegar a la costa portuguesa de Lagos a dos leguas de distancia (aproximadamente 8 Km). Después de recuperarse viajó a Lisboa.
 
Su matrimonio con Felipa le permitió recibir de parte de su suegro la Capitanía de Porto Santo, pero no sólo eso, sino también papeles, cartas e instrumentos de navegación, restos de plantas, cañas y maderas desconocidas en Europa, que le ayudaron en sus estudios de cosmografía y astronomía, esto porque su suegro Bartolomé fue criado del famoso infante Enrique el Navegante, impulsor de descubrimientos portugueses. Ateniéndonos a lo escrito por su hijo Hernando, su padre le contó en cierta ocasión que llegaron a las Azores arrastrados por la marea “dos hombres de rasgos muy distintos a los cristianos”, posiblemente indios americanos. También se ha escrito, y algunos historiadores lo dan por cierto, que por esos años Colón se encontró con un piloto náufrago llamado Alonso Sánchez de Huelva, que fue llevado por las corrientes al otro lado del Atlántico y al morir le reveló su secreto.
 
Después de la muerte de Felipa al año de casado, posiblemente por un mal parto, Colón hizo entre 1480 a 1483 hizo varios viajes de carácter comercial a Lisboa, Azores, Canarias, Cabo Verde y la costa de Guinea, donde recabó información, aunado a su propia experiencia, de los conocedores de la navegación atlántica que le permitió desarrollar la idea que lo haría famoso: navegar directamente hacia Occidente para llegar a Oriente y poder llegar a Catay (China) y Cipango (Japón), famosas por sus riquezas y especias.
 
Durante este periodo complementó su formación en la ciencia de navegar, además de mantener correspondencia con Paolo Toscanelli, matemático, astrónomo y cosmógrafo, quien opinaba que la distancia marítima entre el extremo occidental de Europa y el oriental de Asia no era mucha y podía salvarse fácilmente. Toscanelli insistía en la posibilidad y conveniencia de hacer un viaje así. Contrario a lo que se nos enseñó en la escuela, tanto Colón como Toscanelli sostenían en la esfericidad de la Tierra. Esto porque los viajes de los portugueses en busca de oro, esclavos y especias los había llevado hasta el cabo de Buena Esperanza, África, para adentrarse al océano Índico y encontrar las deseadas islas Molucas (Indonesia), demostrando la esfericidad de la tierra.
 
Toscanelli ya le había presentado en 1474 al rey Alfonso V un mapa y un informe que afirmaba que debía de existir un camino más corto hacia China viajando por poniente. Toscanelli se basaba en las teorías del geógrafo alejandrino Ptolomeo, cosa que posiblemente usó Colón, que sin embargo tenían algunos errores que fueron benéficos. Toscanelli calculaba que la circunferencia de la línea ecuatorial tenía una longitud de unos 3,000 kms, aproximadamente una cuarta parte menos de la real, lo cual daba que la distancia entre Canarias y Cipango (Japón) era de 4,450 kms, y unos 6,500 kms hasta China, mucho menos de los 21,800 kms reales. Fue por este detalle que Colón “tropezó” con América, en vez de llegar a China. En sus cálculos, Colón insistía en que se tomara en cuenta las tierras del Extremo oriente citadas por Marco Polo. Además creía que si se navegaba desde Canarias, Azores y Cabo Verde, la distancia se reducía.
 
Durante su estancia en Portugal tuvo la oportunidad de viajar a las costas accidentales de África que era por donde los portugueses buscaban una ruta que les permitiera alcanzar el tan anhelado país de la “especiaría”, la India. La ruta era buscada debido a que tras la conquista de Constantinopla en 1453 por los turcos fue cerrado el comercio terrestre, obligando a explorar nuevas formas de acceder a oriente, siendo los portugueses quienes llevaron la vanguardia en ello. Para 1484, Colón le presentó su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien formó una comisión expresamente para analizarla. Ésta estaba formada por el obispo de Cueta, Diego Ortiz de Villegas, matemático y cosmógrafo; Josef Vizinho, médico del rey y cosmógrafo, y por el maestro Rodrigo das Pedras Negras, quienes la rechazaron por considerarla inviable, además de excesivas las exigencias honoríficas y económicas de Colón.
 
Sin embargo, el monarca “envió una carabela a Cabo Verde para comprobar la tesis, que fracasó”, según dice Hernando Colón. Poco después se mandaron varias expediciones al oriente sin resultado alguno ya que no se encontró ni isla ni tierra firme, además de, según Hernando, los tripulantes regresaron “destrozados, desabridos y mal contentos, maldiciendo y escarneciendo de tal viaje”. Aquí es donde surgen varias interrogantes para la siguiente decisión de Cristóbal: dejar Portugal e irse a Castilla, dominio de España.
 
Estancia en España.
 
¿Por qué salió de Portugal? Según Bartolomé de las Casas, Colón salió de “lo más secreto posible que pudo, temiendo que el Rey lo mandara detener”. ¿Debido a qué tenía ese temor? Este es uno de los enigmas que lo rodean, ya que algunos creen que fue porque al fracasar las expediciones que envió el rey con los cálculos que le había dado el mismo, Juan II lo buscara para corroborar la ruta enviada a Cabo Verde; otra teoría es que debido a que la familia de su esposa participó en una conjura para contra el rey, tuvo que huir para estar a salvo; otros sostienen que fue debido al rechazo de la corte de su proyecto. Haya sido cualquiera, sin duda la decisión de irse a España le permitió con el paso de los años alcanzar su proyecto tan anhelado.
 
A mediados de 1485 se dirigió a Palos de la Frontera, un puerto secundario, donde visitó también el convento franciscano de La Rábida. Posteriormente se dirige a Huelva donde se cree que fue a dejar temporalmente a su hijo Diego con su cuñada Briolanja (Violante) Moñiz, y también aprovechó su estancia para ver a Pedro Vázquez de la Frontera, a quien Colón considera como uno de los descubridores de lo que hoy es tierra americana. Pero sin duda el viaje que más llama la atención es su visita al convento de La Rábaga, ya que este monasterio no se encontraba de camino a Huelva, por lo tanto se tuvo que desviar, pero, ¿por qué lo hizo? Posiblemente buscaba el apoyo de monjes que tenían encomendada la labor misionera en las islas Canarias; pero su visita no fue en vano, ya que conoció al fraile y astrónomo Antonio de Marchena, que era influyente en la corte española y le interesó el proyecto de Colón.
 
De Palos y Huelva se dirigió a Córdoba, donde se relacionó con el cardenal primado Pedro González de Mendoza y fray Hernando de Talavera, quienes eran importantes en la Iglesia castellana y sin duda buenos contactos para buscar una entrevista con los Reyes. En Córdoba conoció a Beatriz Enriquez deArana, con quien tuvo a su hijo Hernando, y a quien sólo veía las pocas veces que iba a Córdoba.
 
Audiencia con los Reyes.
 
Cristóbal tiene audiencia con los Reyes por primera vez en 1486 en dos ocasiones, enero en Alcalá de Henares y después febrero en Madrid, propiciando que se creara una comisión integrada por geógrafos, astrónomos, funcionarios y expertos en marinería para estudiar lo factible del proyecto, quedando a cargo la comisión de fray Hernando de Talavera. Aun y cuando parece que la reina se mostró favorable con la presentación que le hizo Colón, la comisión, que sesionó todo ese año, consideró científicamente inviable la aventura; pero ésta no fue la única razón por la cual se desechó la idea, también afectaron el gasto por la guerra de Granada y la idea de que un viaje así podría afectar las pretensiones atlánticas portuguesas recogidas en el Tratado de Alcaçovas entre Castilla y Portugal. Firmado en 1479, el tratado básicamente consistía en fijar una línea a la altura de las islas Canarias, permitiendo regular las posesiones coloniales de ambos países, dejando a Portugal que navegara al sur y España hacia el norte. Éste fue sustituido en 1494 por el Tratado de Tordesillas con la anuencia del Papa.
 
Esta negativa no hizo que Colón desistiera de volverse a entrevistar con los Reyes, en Málaga en el verano de 1487 volvió a entrevistarse con ellos, con el mismo resultado. Mientras la comisión sesionó, se le dio a Colón dinero del Tesoro Real, pero de todas formas tuvo que vender libros y mapas (que él mismo hacia) para subsistir. Lo que sucedió después también es una incógnita en su vida.
 
¿Viajó realmente a Portugal después de escribirle a Juan II, como afirman algunos? Otros sostienen que nunca fue, ya que no hay constancias del mismo. Sin embargo, algunos que sostienen que sí, afirman que posiblemente los mismos Reyes lo enviaron para tener información de lo hecho por Bartolomé Díaz, quien dobló el Cabo de Buena Esperanza, abriendo de esa forma una ruta más corta a las Indias. Si fue o no, la respuesta fue negativa, ya que entre 1488 y 1489, de nueva cuenta lo acogió Luis de la Cerda, el duque de Medinaceli, quien llegó a pensar en financiar él mismo el viaje, cosa que desechó después por entender que necesitaba de aval regio para ello. En ese inter Colón envió a su hermano Bartolomé a Francia e Inglaterra presentándoles la misma propuesta, siendo rechazada en ambos países.
 
Sin embargo, con la constancia que lo caracterizaba, amplió sus influencias y apoyos, entre ellos los del cardenal Mendoza, el contador Real Alonso de Quintanilla o fray Diego Peza, quienes le permitieron presentarse de nueva cuenta ante los Reyes en Jaén, pero obteniendo el mismo resultado que las veces anteriores, ya que los Reyes ahora dudaban de la empresa y estaban ocupados en la guerra contra los musulmanes en Granada. Defraudado, Colón viajó a Francia donde reanudó las negociaciones con el rey, para luego regresar a La Rábida (posiblemente para ver a su hijo Diego, que se encontraba allí) y en donde obtuvo un apoyo fundamental, no sólo práctico sino moral, de fray Juan Pérez, quien había sido confesor de la Reina. Éste le escribió a Isabel la Católica y ésta lo convocó a Colón en el campamento de Santa Fe, donde estaba el cuartel general del sitio de Granada. La Reina también le mandó dinero para comprarse ropa apropiada, y le permitió alquilar una mula (cosa que necesitaba autorización real por estar en guerra) para ir a Granada. Era finales de 1491.
 
Tomado de El Gueto de las Ideas: http://guetodeideas.blogspot.mx/2010/11/cristobal-colon-el-desconocido-2da.html

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